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14/10/14

Publicado por El País, Barcelona, Alfonso L. Congostrina, 10 de octubre de 2014

Un ex jefe del IRA: “Ninguna causa merece todo el dolor que provocamos”

Shane O’Doherty critica que Cataluña no ha definido su territorio nacional




“Durante años pensé que la violencia era la salida, pero no, la solución es el diálogo y ninguna causa merece todo aquel dolor que provocamos”, así se ha dirigido hoy a un público juvenil el ex jefe de explosivos de la banda terrorista IRA, Shane O’Doherty.

A finales de los setenta manifestó públicamente su disconformidad con el terrorismo, pidió perdón a las víctimas y renegó del IRA. Lo hizo tras varios años privado de libertad. Fue condenado a 30 cadenas perpetuas y tras 14 años en prisión recorre el mundo contando como llegó a repudiar el terrorismo y la violencia. Hoy en Barcelona ha hecho lo mismo y ha intentado evitar una pregunta relacionada con el proceso soberanista catalán: “Entiendo a los catalanes y que quieran autogobierno pero no tienen definido cual es su territorio nacional y quién debería votar”.

O’Doherty utiliza las mismas técnicas que usaba Steve Jobs cuando presentaba un Iphone. Se coloca en el centro del escenario. Recto, muy erguido y justo delante de una pantalla gigantesca que el mismo controla con un mando a distancia. Habla. Controla cada frase y cada silencio. Conoce muy bien su historia y esta mañana conseguido captar la atención de un millar de jóvenes en sólo segundos. Su exposición comienza por un recorrido histórico, un pequeño esquema para ilustrar la vida de los católicos en Irlanda del Norte. O’Doherty relata los ataques de la policía, los paramiliatares y el ejército británica contra una población católica que “sólo luchaba por sus derechos”.

Reconoce que con sólo 15 años tomó la decisión de pertenecer al IRA poco después tuvieron lugar los hechos sangrientos del bloody Sunday en el que fallecieron 13 manifestantes irlandeses. Aquella acción, según O’Doherty, dio alas al Ejercito Republicano Irlandés (IRA). “Con 17 años me ofrecí voluntario para realizar operaciones con bombas”, en poco tiempo se convirtió en el jefe de explosivos de la organización y perpetró sus primeros atentados en Irlanda del Norte. “Poco después me trasladé a Londres con explosivos y envié cartas bombas a empresarios, políticos incluso a Downing Street”.

Su trayectoria como terrorista continuó hasta que fue detenido en el transcurso de un alto al fuego. “En realidad, me sentí liberado, mi guerra había acabado. Durante el juicio vi a las víctimas y las lesiones que había causado”, aseguraba ayer el ex terrorista.

O’Doherty cree que la prisión le sirvió para llegar a avergonzarse “del IRA, de la violencia y de la violación de derechos”. Fruto de esas reflexiones pidió pública y privadamente el perdón a las víctimas y abandonó la organización pidiendo, incluso, su disolución. “Las autoridades pensaban que era una estrategia para que me dejarán abandonar, antes de tiempo, la prisión y creían que volvería a la violencia; por otro lado mis compañeros IRA dejaron de hablarme”, recordaba ayer.
“Han pasado muchos años pero nunca olvidaré de los años de violencia; la guerra no sirvió de nada fue horrible”, pensaba en voz alta el exterrorista. “Cada día me pregunto qué es el perdón y si me han perdonado Dios o las víctimas”, reflexionó O’Doherty antes de que el millar de adolescentes aplaudiera su intervención.



PUBLICADO EN ABC: JANOT GUIL, BARCELONA, 11/10/2014


«¡Cuidado! El nacionalismo catalán puede acabar en bombas»
El exterrorista arrepentido del IRA Shane O'Doherty alerta contra la deriva secesionista en España



Shane O’Doherty, nacido en 1955 en una familia católica norirlandesa de Derry, se enroló en el IRA cuando tenía 15 años. Con 20, sembró el terror en Londres con cartas-bomba contra jueces, políticos y hasta en el número 10 de Downing Street. Se convirtió en el jefe de explosivos de la banda terrorista. Ingresó en la cárcel y allí, redescubrió la fe católica y se convirtió en un apóstol de la no violencia. Tras cumplir 14 años y medio en presidio se dedicó a explicar su «conversión» en un libro («No más bombas») y alrededor del mundo. Ayer dio una conferencia a jóvenes en el Congreso de la Fundación Lo Que de Verdad Importa, en Barcelona. Y luego tuvo un aparte con ABC.

-¿Qué piensa del proyecto independentista en Cataluña?
-No hay problema en dar a la gente de un territorio más autogobierno; si lo quieren, dáselo. Pero es un asunto que compete a toda la nación si esto implica que las fronteras del territorio van a cambiar. No creo que los catalanes tengan el derecho de decidir solos si una parte del territorio nacional español puede ser extirpado.

-¿Estaba de acuerdo con que la celebración del referéndum de independencia en Escocia?
-Fue muy extraño, para los británicos, los galeses, el resto de británicos, que querían votar. ¿Por qué una minoría de británicos debe decidir si la Gran Bretaña debe dejar de ser un Reino Unido? Y eso que Escocia fue un país diferente, un estado independiente, durante muchos años...

-Su esposa es escocesa, ¿votó?
-No pudo, porque vivimos en Dublín y los escoceses que viven fuera de Escocia, y ese es otro tema, no podían votar. (Tampoco los catalanes que viven en el resto de España podrán hacerlo en la consulta del 9-N).

-¿Aceptaría que hubiera un referéndum sobre la unificación las dos Irlandas en un solo país?
-Hemos aprendido, el IRA y el Sinn Féin ha aprendido, que en ciertos territorios, a raíz de siglos de inmigración de gente de otras partes del Reino Unido, eso ya no podría funcionar más. Tenemos 1,5 millones de irlandeses que se consideran británicos. Además, ¿sabe qué? Desde Irlanda del Norte miramos las manifestaciones en Cataluña a favor de la independencia y, de alguna manera. nos reímos. Pensamos: mira, nosotros hemos tenido esta porquería durante 30 años, perseguimos un sueño, y, mientras, ¿qué pasó con nuestras escuelas? ¿nuestros hospitales? ¿nuestros empleos? Se ignoró. Mientras perseguíamos nuestro sueño de independencia, el resto del mundo decía “mira, trasladamos los puestos de trabajo, nuestras inversiones, a otro país”.

-¿Qué opina del conflicto en el País Vasco con ETA?
-En un artículo que escribí desafié a escritores, artistas, periodistas, profesores, sacerdotes y políticos vascos, la inteligencia vasca, a que dejaran de esconderse. ¿Quieren que el País Vasco sea representados por unos cuantos pistoleros sin cerebro?

-Eso pasó un poco con Irlanda...
-Sí, y decidimos que no lo queríamos. Porque ¿sabe qué?, una vez se ha encendido la llama del nacionalismo en su territorio, Cataluña, ¡cuidado! Es peligroso. Porque a la vuelta de la esquina hay un joven extremista, en su dormitorio, con un ordenador, mirando en Internet cómo hacer bombas. Y él no esperará a los discursos democráticos o de los políticos. Son jóvenes llenos de testosterona y sin cerebro que se convierten en devotos...

-¿Cómo le ocurrió a usted?
-Sí. Y estos jóvenes pueden ser muy devotos... Sobre todo, si el gobierno local empieza a proclamar que no estamos siendo tratados justamente por el gobierno central... y que podemos saltarnos la ley un poco... Una vez se da esta señal, vigile al doblar esquina a la primera bomba, la primera bala. Y si cree que esto no puede pasar aquí, le diré que sí. No son distintos a los vascos o irlandeses que cogieron las armas.


9/10/14

Congreso Lo Que De Verdad Importa


Una vez más, Shane O'Doherty participará como ponente en el congreso Lo Que De Verdad Importa, que se viene celebrando desde hace años en varias ciudades de España con el fin de acercar a los jóvenes valores humanos universales a través de ponencias universales.

Shane estará mañana, 10 de septiembre, en el congreso de Barcelona y el día 29 en el de Valencia. El año pasado participó en el de Zaragoza y en 2010 en Madrid.

En el congreso Shane expondrá a los jóvenes su trayectoria de vida y contará qué fue lo que le llevó a ofrecerse como voluntario para luchar en el IRA, pero, sobre todo, por qué decidió arrepentirse y renunciar a la lucha armada.






Junto a él participarán Miriam Fernández, que ya participó con Shane en el de 2010, y Albert Bosch, deportista, emprendedor y escritor.

Podréis seguir el congreso den directo a través de la web de la organización: www.loquedeverdadimporta.org








28/5/13

Fue jefe de explosivos del IRA en el inicio de los 70

Un exjefe del IRA advierte de que los más radicales de ETA no tienen intención de hacer concesiones

Teinteresa.com 27/05/2013 - Íñigo Rodríguez / @inigorodriguez 
  • El exdirigente del IRA asegura que para llegar a la paz "ETA tendrá que ceder cosas que sus más radicales no están por la labor".

  • Además, advierte de que los demócratas tendrán que tomar "una amarga píldora" de concesiones para terminar con el conflicto.

Shane O Doherty, exdirigente del IRA

 Shane O'Doherty (1955, Derry) fue el Jefe de Explosivos del IRA (grupo terrorista irlandés) durante más de cinco años. En 1970 se unió como colaborador de la organización terrorista y en 1972, tras vivir de primera mano el domingo sangriento en el que el ejército inglés mató a 14 personas e hirió a otras 30 disparando sobre una manifestación, se unió a la banda. Un año más tarde fue enviado a Londres para comenzar una campaña de envío de cartas bomba a políticos, periodistas, personalidades y jueces ingleses. Entre éstas, logró que una de las bombas llegara a la residencia del primer ministro inglés, por aquel entonces Edward Heath. No se sabe con certeza el número de heridos o muertos que produjeron las bombas de O´Doherty.

Apenas dos años después, en 1975, fue arrestado por estos hechos. Inmediatamente fue enviado a prisión y condenado a un total de 30 cadenas perpetuas. Él cuenta que en una vez en la cárcel, donde según denuncia recibía frecuentes palizas por parte de las guardias, comenzó a reflexionar sobre lo que hizo y a leer los evangelios. A partir de ahí, se inició un proceso por el que terminó arrepintiéndose de sus atentados, pidiendo perdón a sus víctimas, defendiendo la paz como el camino político a la solución de los problemas y escribiendo libros como 'No Más Bombas', en donde aboga por el abandono de todo tipo de violencia por parte de IRA y de ETA.
O´Doherty no recuerda cuántas bombas puso. "Quizás 200 ó 300". Lo que sí sabe, y cuenta con orgullo, es que años después de enviar las cartas bombas "envía cartas de perdón y arrepentimiento a las víctimas".
Hoy, Teinteresa se ha puesto en contacto con O´Doherty porque el fiscal de la Audiencia Nacional Carlos Bautista ha asegurado que el Ministerio del Interior baraja, en informes secretos, la posibilidad de que ETA vuelva a cometer atentados. Precisamente, un reciente informe de Europol también advertía de esa eventual escisión, una posibilidad que miembros de la lucha antiterrorista han deducido también de alguno de los últimos comunicados de la banda.
El exterrorista no descarta esa posibilidad (al igual que ha habido varias escisiones violentas dentro del IRA) "aunque si se produjera alguna sería, además de una profunda pena, un nuevo paso de ETA en un camino de sangre que no tiene retorno".

Ambas partes van a tener que ceder para un acuerdo

O' Doherty parte de la base de que "no hay una relación directa entre la experiencia de diálogo de Irlanda e Inglaterra sobre el fin de la actividad del IRA y la española para intentar un pacto que busque el fin definitivo de los atentados de ETA". Aún así, advierte de que hay diferencias como que " los más intransigentes de ETA no están dispuestos a pasar por algunas de las cesiones más importantes a las que se comprometió el IRA para negociar con los gobiernos (irlandés e inglés). Me refiero al hecho de que el IRA se comprometió a destruir sus armas con testigos internacionales reconocidos por las partes y también acordó deshacer su organización por completo".
El de Derry recuerda que el camino para ello no fue fácil y que "la cesión definitiva del IRA para la destrucción de sus armas tuvo muchos inconvenientes, y perdió credibilidad cada vez que había una quiebra del cese de la violencia. Después de algunos años, ahora se acepta que el IRA ya no existe como forma de organización", O´Doherty bromea con que "se le encuentra más en Facebook que en las calles".

Y aunque se muestra muy crítico con la postura de ETA, también lo es con la del Gobierno. O´Doherty, que defiende que no exista una negociación hasta que no haya una prueba fehaciente de la entrega de armas, asegura que "hay otros principios básicos de la disolución del IRA en Irlanda que no serían acogidos de buen grado por los demócratas españoles más radicales".
Entre estas medidas, que podrían levantar serias ampollas entre grupos políticos o los familiares de las víctimas, recuerda que el gobierno británico acordó, en respueta al fin definitivo de la violencia y de la disolución del IRA, "poner en libertad a prisioneros para que volvieran a integrarse en su comunidad y trató de hacer generosas ofertas a activistas que todavía estaban huídos en el país o en el extranjero". Junto a esta medida, asegura que "el acuerdo incluía en algunos casos el arresto y enjuiciamiento de quienes salieran de sus escondites, y su consecuente envío a prision durante dos años.
Antes de las críticas a esta medida, que él sabe que las hay, afirma que "es una solución imperfecta, pero funcionó".
Por eso, O'Doherty asegura que "no cabe duda de que la puesta en libertad de los prisioneros irlandeses ha sido necesariamente una amarga píldora para la democracia. Pero también ha sido una prueba milagrosa de que estos prisioneros políticamente motivados hicieron lo que se les dijo y lo que debían: permanecieron alejados de la violencia". Aún así, hubo "un pequeño grupo de disidentes" que se negaron a colaborar con el gobierno, "pero también hubo miles de exprisioneros volvieron a sus casas y viven allí una vida sin culpas". Para llegar a esto, "todas las partes tienen que ser muy valientes".

España necesitará una "paz milagrosa" como la irlandesa

El camino a la paz irlandesa (que aún no se ha completado) ha estado lleno de trampas. O' Doherty recuerda que "durante el largo proceso de decir adiós al IRA hubo peligros y patinazos que llenaron de baches el día a día y lejos de ser perfecta". Además, durante el proceso "hubo casos de violencia y asesinatos que dieron oportunidad a determinados medios y partidos políticos a clamar que la democracia estaba siendo minada".

Sin embargo, "después de que todo ese orgullo y esa dureza se calmara, hemos alcanzado una milagrosa paz en Irlanda donde el Sinn Fein continúa buscando la fórmula de honrar la memoria de las víctimas que el IRA dejó, expresar su respeto a los derechos humanos y saber qué pasó con mucha gente que fue asesinada o desapareció".

Al igual que en Irlanda se está viviendo este proceso, O´Doherty cree que "ETA no puede esperar una vuelta rápida después de tantas años de violencia, asesinatos y extorsión y pretender que pueden cubrir todo esto con argumentos políticos, hay cuestiones éticas y morales que tendrán que desenredarse lentamente", advierte O´Doherty hablando sobre cómo será el proceso.

"Las víctimas de la violencia innecesaria, y sus familias, tienen derecho a escuchar un perdón de ETA, que debe ser definitivo, sincero y no sujeto a celebraciones deshonrosas en las que se defienda cosas como la salida de presos. Estas reivindicaciones deben, en su conciencia, estar por detrás de la gente de España y decir, un día, que la violencia fue por completo errónea. La lucha armada fue un callejón sin salida. El proceso democrático es la único camino sensato y moral para el cambio político".
Se necesita gente ciertamente muy valiente para andar la ciénaga moral para llegar a la paz. Sería recomendable reflexionar una frase del Hamlet de Shakespeare: "cuanto menos mereces, más mérito tiene tu recompensa":

http://www.teinteresa.es/mundo/ETA-IRA-negociacion-paz-o-_doherty-Irlanda-Pais_Vasco_0_926909090.html

23/3/10

Belén Palancar. La Gaceta, 31 de enero de 2010, Madrid

“Nadie puede negociar con gente que está dispuesta a matar a inocentes”

Shane O’Doherty, el ex terrorista del IRA que pidió perdón

Dice que la sombra de su pasado como terrorista aún le persigue. Tras pasar 14 años entre rejas y pedir perdón a sus vícti­mas, Shane O’Doherty confiesa que aun así lleva­rá el letrero de asesino cargando en su espalda toda su vida. Pero él ase­gura que aunque no lo pueda borrar, su fe y su acercamiento a Dios le cambiaron la vida.
Shane escribió un libro, No más bombas, en el que cuenta cómo la cárcel le ayudó a quitarse la venda y a comprender que “la vio­lencia no tiene ninguna jus­tificación y mientras los terroristas no se den cuen­ta de ello, no hay nada que hacer”. Algo que según el ex revolucionario, todos los Gobiernos deberían tener en cuenta.


-Hace un mes un policía del Ulster resultó herido a causa de una bomba. El año pasado dos soldados británicos murieron a manos de unos disiden­tes del IRA. Algunos expertos puntualizan que el final de esta orga­nización terrorista en Irlanda del Norte no está escrito. ¿Comparte usted esta opinión?
-El 95% del IRA abando­nó completamente la gue­rra y dejó las armas en 2005. Esto fue un autén­tico milagro, pero sucedió en un momento en el que la banda terrorista ya no contaba con el mismo res­paldo. La mayoría de católicos estaban de acuerdo en acabar con la tragedia gracias al impor­tante papel de la Iglesia católica. Se apoyó la vía democrática y el Sinn Fein consiguió una mayor representación en el Par­lamento. Ahora la pobla­ción aplaude las decisio­nes tomadas por el parti­do que cuenta ya con 24 diputados en la Asam­blea. Por eso, los que apo­yan a esa minoría de disi­dentes son casi invisibles; son muy pocos y carecen de respaldo.


-¿Qué fue clave para dicho cambio?
-Sin duda, la actitud de la gente. La comunidad internacional ha cambia­do y la policía ha ayudado a restablecer la paz. Yo vivo en Dublín, pero cuando viajo por mi país me doy cuenta de que muchos de estos disiden­tes no provienen de Irlan­da del Norte, si no de pequeños pueblos de la República. Allí ha latido durante décadas, (y toda­vía continúa), un senti­miento de guerra y de invasión británica que prosigue debido a que muchos viven aislados y a que sólo cuentan con la visión de la generación de sus padres y abuelos. Hay una clara división entre las ciudades, (las zonas industrializadas), con una visión moder­na, y la zona rural, con una postura más tradi­cional. Me duele que estas personas mayores piensen así, y que fomen­ten el desarrollo de otra guerra civil. Estas mis­mas personas siguen recolectando dinero para los prisioneros de las cárceles, pero ya no obtienen ningún tipo de apoyo, ni de respaldo de los Gobiernos.


"No recibí amenazas por salirme, pero mis colegas me vigilaban"

-El libro le ha servido a usted para pedir perdón por sus acciones dentro del IRA y para relatar su historia. Fue en la cárcel donde empezó a sentir esa necesidad, ¿por qué?
-Es complicado de expli­car. Después de salir de la cárcel mucha gente, fami­liares y periodistas, inten­taban contactar conmigo para que les contase mi historia. En ese momento me estaba leyendo Por quién doblan las campa­nas de Ernest Hemingway y pensé que tenía una his­toria similar, lo que me motivó para escribir la mía propia. Cuando me aden­tré en el IRA, era un joven lleno de fuerza y de pasión, donde todo me parecía muy simple; todo era blanco o negro. La verdadera cara de la violencia es solo una y no tiene salida: la muerte o la cárcel. Yo fui un afortunado que sobrevivió y que en la cárcel maduró y aprendió los valores humanos gracias al catolicismo, que me ense­ñó a seguir mi conciencia promoviendo la paz. En cuanto te paras a pensar comprendes lo que has hecho mal y todo el dolor que has causado a gente ino­cente. Fue muy difícil ese cambio en la cárcel, con mis compañeros al lado que me vigilaban, pero la Iglesia se acercó a esos líderes terro­ristas para hacerles entrar en razón.



-¿Sufrió algún tipo de amenaza por ese deseo de querer dejar la orga­nización terrorista?
-No, la verdad es que no. El IRA, durante toda su historia, ha visto a cientos de personas entrar y a cientos de personas salir, algo que en España no podría ser porque te ame­nazan de muerte. Nuestra tradición es distinta; pue­des sobrevivir. En ese momento yo intentaba acercar a la organización con la Iglesia para llegar a un acuerdo de paz.


-¿Cree usted que otros compañeros suyos tam­bién estaban dispuestos a pedir perdón y salir del IRA?
-Estoy convencido. Cuan­do yo escribí mis cartas en las que pedía perdón a las víctimas, muchos de mis ex compañeros, que tam­bién estaban en prisión, me decían: “Shane, cuan­do no pedías perdón esta­bas loco. Ahora que lo pides, mucho más”. El declararse culpable y pedir perdón era algo inconcebible, y más aún si ésto se hacía público. Por ese temor, muchos no se atrevían a dar el paso. Era más fácil no decir nada.


-Muchas de las víctimas critican que su perdón estaba dentro de una auténtica provocación. ¿Qué les diría?
-Es muy difícil perdonar un dolor tan grande que no tiene vuelta atrás. El Gobierno no nos creía ni los medios de comunica­ción ni la mayoría de las víctimas, aunque milagro­samente tengo que decir que algunas sí lo hicieron. Quiero confesar que nunca se pide perdón por las víc­timas, ni siquiera por uno mismo. Tú pides perdón por tu fe, por tus valores, por Dios, en mi caso. De alguna manera, no impor­ta lo que las víctimas digan. Me reencontré con unos valores que me lleva­ron a hacer lo correcto.





-¿Fue su fe entonces lo que le llevó a pedirles perdón?
-Sí, sí, seguro. Yo sabía que esto no me iba a traer más amigos y que mucha gente no me iba a creer, es un gran coste. Es muy fácil condenar al hijo pródigo y después no escuchar más.


"En algunas zonas rurales se sigue pidiendo dinero para los prisioneros"

-¿Cómo estaba organi­zada la banda?
-Era una gran organiza­ción con contactos en América y fuera del país, pero era difícil mantener una línea común. Había diferencias entre unas zonas y otras, como entre la ciudad y el campo. Algu­nas personas estaban a favor de matar y poner bombas sin ningún tipo de aviso, y otras en cambio no lo estaban. Diferentes ten­dencias e ideologías, algu­nos comunistas, otros socialistas. La verdad es que fue un auténtico mila­gro llegar a una paz común. Había días en los que nos despertábamos y las noticias contaban que había habido un nuevo atentado del IRA. Noso­tros desconocíamos quién había sido. Era una banda organizada, pero a la vez desorganizada como otras muchas. Nadie está com­pletamente seguro de lo que sucede. Fue un mila­gro que Adams y McGui­ness llegasen a reunificar al 95% de la organización y les obligasen a dejar las armas.

-¿Cómo era la relación con sus padres? Usted relata en su libro que ellos desconocían su per­tenencia a la banda.
-Yo crecí en Derry, la segunda ciudad de Irlan­da del Norte después de Belfast, según se decía entonces “en el lado inco­rrecto”. Por eso, aunque mi padre siempre condenó la violencia, mantenía con él conversaciones sobre nuestra situación. Yo nunca entendí por qué nos teníamos que sentir infe­riores a los británicos. Su hermano mayor, mi tío George, luchó por la inde­pendencia del país y su imagen era la de un gran patriota. Yo era muy joven y me encantaba leer libros sobre aventuras y sobre la historia de Irlanda y de ahí desarrollé ese deseo para implicarme en la lucha. Estaba motivado e impre­sionado por el pasado de mi tío. Pero la diferencia con él era que yo ya vivía en una nueva época, una nueva era de respeto a los Derechos Humanos. Mi sueño no era real, pero a mí me parecía que había un uniforme preparado para mí. Muchas personas inocentes eran asesinadas, gente cercana.
-¿Pero usted nunca le comunicó a sus padres esa ambición que tenía?
-No, nunca les confesé que pensaba unirme a la organización. Pero sí mantuve interesantes conversaciones sobre por qué nos sentíamos ciuda­danos de segunda en el lugar en el que habíamos nacido. Ellos negaban con la cabeza y me decían que todo era muy complicado, más de lo que pensaba, porque había gente ino­cente muriendo a nuestro alrededor.

-¿Cómo es ahora la con­vivencia entre protes­tantes y católicos?
-Ahora, gracias a la demo­cracia, todo es diferente. No profesamos la misma religión, pero hay igual­dad y respeto. Algo que no fue fácil, pero que ahora existe.

-¿Qué opina del escán­dalo de la mujer del pri­mer ministro Robinson que le ha llevado a dejar su puesto durante seis semanas y que, según los analistas, podría acabar en una ruptura del Gobierno?
-Para los irlandeses fue un verdadero escándalo que al principio todo el mundo se resistía a creer. Durante las primeras semanas toda la población estaba expectan­te de lo que contaban sobre el caso pero ahora, para ser honesto, creo que forma parte de otra vieja noticia ya olvidada.


"Ni ETA es el IRA ni Batasuna el Sinn Fein, son distintos"

-¿Por qué al etarra vasco De Juana Chaos se le trató como a un verdadero héroe en Belfast?
-No creo que “héroe” sea el calificativo exacto para des­cribir el recibimiento. De hecho, hay que tener en cuenta que en ese momen­to el Sinn Fein buscaba algún tipo de reconoci­miento y de éxito interna­cional para llegar hasta el conflicto vasco. Pensaron quizás que podrían influenciar a este hombre y crear similitudes, pero son casos muy diferentes. ETAno es el IRA, ni Bata­suna, en su tiempo, el Sinn Fein. Y ahora, este hombre permanece apartado en el olvido.

-¿Qué le diría al Gobier­no español?
-Esto es exactamente lo que le diría: no tengo nada que decirle, nada. Es importante para ETAsaber que el mundo cambió con el 11S; ya no hay cabida para la violencia, es una pérdida de tiempo que no lleva a ninguna parte. Una lección que debería apren­der el Ejecutivo español es que la única solución está en que la banda armada de ETAdeje de un lado las armas, si no, no deben hacer nada. No hay otra salida. Es un tema que tiene que ver con el respeto a las personas y a la demo­cracia. Nadie puede nego­ciar con gente que se encuentra preparada para matar inocentes.

-¿Cree que un acuerdo como el del Viernes Santo sucederá en España?
-Hasta que no se tengan las ideas claras, me temo que no. Hasta que no se escuche a la sociedad vasca y los líderes de ETA se topen de bruces con la rea­lidad y maduren, no creo que suceda.

-¿Cómo es su vida ahora?
-Vivo en Dublín, donde trabajo y estudio, pero la sombra de mi pasado me persigue, sobre todo cuan­do viajo y noto que me miran. No sé si podré olvi­dar mi pasado algún día y despejar esta carga. No obstante, cada día me levanto pensando que puedo seguir adelante.


Con 10 años empezó su lucha, con 15 entró en la banda y con 19 fue arrestado

“Le envié una carta bomba al primer ministro”

“Envié varias cartas bomba, una de ellas a la residencia del pri­mer ministro británico, lo que me convirtió en el hombre más buscado de Gran Bretaña”. Éste era Shane O’ Doherty. Un niño de familia católica de Derry que con tan sólo 10 años fue capaz de escribir en su diario lo siguiente: “Cuando sea mayor quiero lu­char y si es necesario morir por la libertad de Irlanda”.
Y así de claro lo tenía, que tan sólo cinco años después, durante los cuales no paró hasta encontrar a sus ‘ídolos’ terroristas, acudien­do a sus reuniones clandestinas. Luego entró a formar parte de la organización criminal coinvirtiéndose en el líder del Comando de Artefactos. A los 17 fue testigo di­recto del Domingo Sangriento y aseguró que su único objetivo en la vida era “vivir para la lucha ar­mada y para el IRA”. Hirió a varios civiles con sus bombas, a los que finalmente terminaría pidiendo perdón públicamente mediante cartas. Muchas de las víctimas le rechazaron, e incluso se enfada­ron aún más porque aseguraron que se trataba de una auténtica provocación, “sin ninguna vali­dez, y sin ningún sentido”.

“Cuando sea mayor quiero luchar o morir por nuestra libertad”

En el año 1975, con 19 años, fue apresado en su propia casa, desarmado, bajo la atenta mira­da de su madre, que no entendía por qué los agentes detenían a su querido hijo. Sus padres des­conocían que era un terrorista. El arresto se produjo durante un alto el fuego de la organización y Shane, después de recibir una sentencia de 30 cadenas perpe­tuas, cumplió una condena de 14 años entre rejas. Fueron esos años encerrado en la cárcel lo que verdaderamente cambió su vida. Allí conoció a varios sacer­dotes que le ayudaron en su ca­mino a la conversión y a la me­ditación. En su celda se pasaba los días pensando y leyendo la Biblia; él subraya que no sabe muy bien por qué. En su libro Shane apunta que fue durante su condena cuando afirmó que “como ya sabía hacer la guerra quería aprender a hacer la paz”. Así, el ex terrorista señala que cuando era joven se involucró tanto en el terrorismo que” ni siquiera hubiera podido decir lo que ocurría políticamente en Irlanda del Norte o en el mundo en general”.

Belén Palancar

25/11/09

Una breve historia de mí y de Irlanda

Así tituló Shane su conferencia del viernes en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y que, debido a la cantidad de gente que asisitió, tuvo que cambiar su ubicación varias veces para terminar ofreciéndose en el Salón de Actos del campus de Vicálvaro. Asistieron unas 300 personas, en su mayoría estudiantes, por supuesto, pero también gente externa a la Universidad.


Primero Shane hizo un breve resumen de la historia de Irlanda, para que todos entendiéramos el trasfondo histórico del Ejército Republicano Irlandés. Después nos habló de los principios del IRA y terminó contando cómo entró él, qué le hizo arrepentirse y su opinión sobre el conflicto vasco. Dejó claro que con los terroristas tiene que haber diálogo pero no negociación.


Sólo deciros que fue un éxito y que hubo bastantes preguntas, aunque por desgracia, no hubo tiempo para todas las que Shane hubiera querido contestar. Esperemos que haya nuevas oportunidades.

16/6/09

En el Nombre del Padre

Probablemente la mayoría de vosotros hayáis visto ésta película del director irlandés Jim Sheridan. “En el Nombre del Padre” (1993), cuenta la historia de Gerry Conlon, un gamberro que, en la atormentada Belfast de los años 70, sólo sabe beber e ir de juerga, para disgusto de su padre Giuseppe, un hombre tranquilo y educado. Cuando Gerry se enfrenta al IRA, su padre le manda a Inglaterra, pero acaba en el sitio equivocado en el momento equivocado. Aunque es inocente se ve obligado a confesar su participación en un atentado terrorista y es condenado a cadena perpetua junto al resto de los "cuatro de Guildford". Su padre Giuseppe es también arrestado y encarcelado, y durante su estancia en la cárcel, Gerry descubre que la aparente fragilidad de su padre esconde en realidad una gran fuerza y sabiduría interior. Con la ayuda de Gareth Peirce, una abogada entregada a la causa, Gerry se propone demostrar su inocencia, limpiar el nombre de su padre y airear la verdad de uno de los más lamentables errores legales de la historia reciente.

Como habréis leído en No Más Bombas, Shane conocía a los responsables del atentado ocurrido en el pub y del que se acusaba a Gerry y a su familia y por tanto sabía que eran totalmente inocentes. Escribió a un montón de cargos importantes para dar a conocer tan terrible injusticia e involucró a su abogada, Gareth Peirce, para que les ayudase.

Gerry Conlon, al igual que parte de su familia, pasó 15 años en la cárcel por algo que no había hecho e incluso vio a su padre morir en ella. En el año 90 Gerry publicó su historia, Proved Innocent, y en ella se refiere a Shane como una de sus dos “gracias salvadoras” por todo lo que hizo por ellos, no sólo de cara a que se reconociera su inocencia públicamente sino también dentro de la cárcel en su relación con el resto de presos irlandeses.
Hablando de Shane, Gerry Conlon dice en su biografía: “Le habían arrestado cuando todavía era adolescente por haber enviado un montón de cartas bomba a gente importante de Inglaterra, pero aunque era del IRA tenía su propia ley. No mucho más tarde hizo un comunicado público en el que renunció a la violencia y pidió perdón a sus víctimas. Por esta época, aún así, Doc era todavía miembro del grupo republicano, pero vio que yo tenía problemas y se encargó de que se me empezase a reconocer.”


2/4/09

Reseña Bibiográfica de No Más Bombas

Publicada en Diario Liberal por Fernando José Vaquero Oroquieta, 25-1-2009

En España disfrutamos de una buena y constante producción editorial que oferta al mercado en lengua castellana una veintena de nuevos títulos por año de temática directamente relacionada con el terrorismo. No está mal. A ella debe sumársele los numerosos artículos y trabajos monográficos elaborados anualmente por un grupo selecto de escritores españoles y extranjeros: investigadores universitarios, periodistas especializados, políticos comprometidos…
Con todo, cuando hablamos de producción editorial, y en relación a otros géneros, debemos reconocer que el tema terrorismo “vende” poco; lo que no deja de ser un contrasentido, no en vano, según diversos estudios demoscópicos, el terrorismo sigue constituyendo una de las principales preocupaciones de los españoles. Entonces, debemos preguntarnos, ¿de qué se trata?: ¿hipocresía o cansancio social?

Los últimos meses no han sido una excepción a esta constante. Es más, tenemos que destacar la aparición de un título realmente excepcional: No más bombas. El estremecedor testimonio del terrorista que pidió perdón (LibrosLibres, Madrid, 2008, 210 páginas). Así, su autor, el irlandés Shane Paul O’Doherty, se paseó por España, a finales del 2008, para promocionar un título que, pensamos, debiera haber alcanzado una mayor resonancia mediática.

Ciertamente, sus promotores trabajaron mucho en su difusión. De hecho, para la temática que trata, no fueron pocos los resultados alcanzados: varias entrevistas en algunos diarios de difusión nacional, diversas reseñas publicadas en medios influyentes de Internet y radio, una buena atención desde el Grupo Intereconomía… Y si a usted, amable lector, le interesa rastrear esa presencia, puede consultar http://nomasbombas.blogspot.com/, donde encontrará el material más relevante; que no es poco. Pero, libro y autor, merecían mucho más.

Shane Paul O’Doherty fue un ejemplo paradigmático de adolescente terrorista norirlandés alimentado por una coherente y potente cultura del odio y de extrema afirmación identitaria. Esa “cultura” no era el producto etéreo y abstracto de una ensoñación sin raíces. Al contrario: toda una compacta comunidad humana se nutría de esos mitos movilizadores, estructurándose vitalmente en torno a una contundente estrategia terrorista que ofrecía, además de mucho sufrimiento a sus víctimas y sacrificados seguidores, un horizonte ideal, un estilo de vida integral, un compacto y atractivo entorno humano; toda una cultura fuerte y viva.

Ya en prisión, en parte sustraído de ese absorbente entorno, se atrevió a pensar por su cuenta, llegando a arrepentirse y, en consecuencia, a pedir perdón; comportamiento que generó no pocos rechazos, tanto entre sus antiguos correligionarios, como entre sus desconfiadas y maltratadas víctimas...

El libro es muy recomendable por varios motivos. En primer lugar, por ser una narración escrita en primera persona que no censura ninguna de sus experiencias, perlada de diversas muestras de una delicada y fina ironía inglesa (perdón, irlandesa) que la agiliza, provocando la sonrisa en el lector y, casi inevitablemente, su simpatía con el autor. Y, en segundo lugar, por descubrir la verdadera y compleja naturaleza de un muy concreto entramado terrorista, huyendo de tópicos al uso y simplismos. Todo ello merecería una más amplia difusión...

¿Por qué las cadenas televisivas generalistas no se han hecho eco de este testimonio? Tal vez no sea una novedad afirmar que, más allá de unos pocos convencionalismos políticamente correctos, tales medios han renunciado a la formación de una opinión pública sólida, libre y crítica; privilegiando la frivolidad y el entretenimiento instintivo. Sin embargo, siempre son de los primeros en reclamar a la sociedad su movilización cada vez que el terrorismo la golpea. Pero, ¿no es una manera poco elegante de escurrir el bulto y delegar su responsabilidad? Y, en el caso de las cadenas públicas, esa renuncia adquiere mayor gravedad, pues, entonces, ¿en qué queda aquello de su supuesta “vocación de servicio público”?

El terrorismo sigue constituyendo una gravísima y permanente amenaza para la convivencia española. En consecuencia, habría que afrontarlo en todas sus diversas expresiones y manifestaciones: policial, judicial, internacional… y ¿mediático-cultural? Hace unos pocos días, el pasado domingo 18 de enero de 2009, muchos españoles nos sobresaltamos leyendo una noticia preocupante: el diario El Mundo aseguraba que la Unión Europea había denunciado a España ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas por no adoptar las disposiciones relativas a la prevención de la utilización del sistema financiero, para el blanqueo de capitales y para la financiación del terrorismo, recogidas en su directiva 2005/60 CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de octubre de 2005; lo que tenía que haber efectuado antes del 27 de diciembre de 2007. ¡Y no pasa nada! ¿En cuántas ocasiones se ha afirmado, desde instancias políticas y mediáticas, que al terrorismo hay que combatirlo en todos sus frentes? Es imposible, ya, precisarlo. Pero el Estado español, también la oposición política, ¡se permiten el lujo de ignorar una de sus dimensiones más relevantes! ¿Simple ignorancia o negligencia criminal? ¿Nadie responderá por semejante deslealtad?

En muchas ocasiones, no pocos especialistas en esta temática, y en particular muchas víctimas del terrorismo, han afirmado que el Estado marcha a remolque de los acontecimientos, correspondiendo a ETA la iniciativa. Los hechos anteriores parecen confirmarlo.
Por ello desazona conocer noticias como la que acabamos de recordar, pues consolida la impresión de que padecemos una clase política y administrativa rutinaria, poco imaginativa, cuando no criminalmente negligente, instalada en un ejercicio acrítico del poder. Es inadmisible que el Estado no ponga “toda la carne en el asador” cuando de lucha antiterrorista se trata; pues hablamos de personas concretas asesinadas, de familias destrozadas, de historias humanas abruptamente rotas.

En este vomitivo contexto de renuncia y dejación, no es de extrañar que un testimonio relevante, como el del libro reseñado, que bien pudiera haber servido de revulsivo a no pocas conciencias, pase desapercibido para la inmensa mayoría de compatriotas.
Es la gran ventaja con la que juegan los terroristas: frente a su despiadado reto global encuentran un Estado acomodado y cobarde.

A pesar de todo, o precisamente merced a todo ello, ¡bienvenido Shane Paul O’Doherty! Gracias por tu testimonio y por tu valor. Y gracias a su editor, quien nos ha permitido conocerlo, ayudándonos así a comprender mejor la realidad tan denostada, como sorprendentemente desconocida, del terrorismo.

23/3/09

Shane en el programa Testimonio de La 2 de RTVE

Si habéis seguido el blog o si leéis los artículos que se han ido publicando, ya sabréis que gran parte de la conversión total de Shane se debe a su fe. Aunque el tema de la fe y de creer en Dios parece que ahora no está muy "de moda", ójala muchos terroristas siguieran sus pasos.

Ayer domingo en el programa Testimonio de La 2 de Televisón Española, se emitió el vídeo que el equipo filmó en diciembre, cuando Shane estuvo en Madrid para promocionar No Más Bombas. En el relata parte de su conversión desde el punto de vista de su fe.

El vídeo estará en la web durante toda la semana:

http://www.rtve.es/alacarta/todos/abecedario/T.html#454657

Espero que os guste!

28/1/09

Artículo sobre Shane en El País... en 1976!!!

Este artículo apareció en El País en septiembre de 1976. Ahora que Shane ha vuelto a ser noticia en España por la publicación de su autobiografía, el periódico no ha publicado nada... Una pena..., ya que está claro que podemos aprender mucho de toda la situación... Irlanda del Norte ha conseguido la paz. ¿Y nosotros?


No se vislumbra solución para el problema del Ulster
Un joven irlandés condenado en Londres a cadena perpetua por terrorismo
JUAN CRUZ RUIZ, - Londres - 12/09/1976

Un joven irlandés de veintiún años, Shane O'Doherty, ha sido condenado en Londres a cadena perpetua como autor del envío de 23 cartas explosivas que en 1975 recibieron diferentes personalidades británicas.

La sentencia fue dada a conocer al mismo tiempo en que el Parlamento de Dublín, en la República de Irlanda, aprobaba medidas para combatir el terrorismo, y el primer ministro Callaghan nombraba al ex ministro del Ejército, Roy Mason, secretario de Estado para Asuntos del Ulster. Mason, como su antecesor, Merlyn Rees, va a Irlanda del Norte con el propósito de acabar gradualmente con la presencia del Ejército en el territorio. Parece que las condiciones en que sigue la situación del Ulster no hacen adivinar ninguna solución rápida en ese sentido. El Ulster sigue siendo un polvorín. Para los conservadores, la violencia está animada por fuerzas socialistas extranjeras; para el IRA, por la permanencia de las tropas británicas en la provincia. En medio del conflicto, el caso del joven irlandés condenado a cadena perpetua, -puesto que, dijo el juez, la horca ha sido abolida- es otro ejemplo de la imposibilidad de un entendimiento entre las distintas facciones en lucha.O'Doherty, que era un estudiante de química de la Universidad de Dublín, escribió al principio de su primer ensayo escolar, cuando sólo tenía seis años: «Quiero morir por Irlanda».

A los dieciocho se unió a los provisionales del IRA. Utilizando sus conocimientos químicos se convirtió pronto en el principal experto en explosivos de la organización militante católica.
En un piso de Londonderry, muy cerca de donde vivían sus padres, que creían que Shane seguía estudiando en Dublín, el joven químico preparó los más sofisticados artefactos, algunos de los cuales inventó él mismo.

Se especializó en cartas explosivas. Durante el verano de 1975, envió 23 a otros tantos políticos, sacerdotes, jueces y funcionarios británicos. Ninguno de los objetivos de sus bombas postales murió. Sin embargo, su novia falleció cuando uno de los artefactos preparado por Shane explotó inesparadamente en el piso que ambos ocupaban.

Desde que comenzó el juicio en el que se le ha condenado a cadena perpetua, O'Doherty se negó a reconocer al jurado, se definió a sí mismo como un «soldado, prisionero político del Ejército de ocupación» y pidió perdón por los daños que pudo haber causado a «los trabajadores ingleses» que en algunos casos abrieron las cartas que él envió.

El caso de O'Doherty, -desde los seis años se propuso, luchar hasta la muerte por Irlanda-, es un reflejo más de la situación que se respira en el Ulster. Los sucesivos Gobiernos que han querido resolverla se han encontrado con que el enfrentamiento es irrefrenable: si los combatientes decrecen en número, se hacen más efectivos desde el punto de vista de la técnica.

El propósito de los laboristas con respecto a la provincia es el de crear, las condiciones para hacer posible la salida del Ejército del territorio. Cuando tomó posesión de su cargo de ministro para Asuntos del Ulster, Merlyn Rees dijo: Mientras tengamos que mantener aquí las tropas, el Gobierno habrá fracasado.

Pero las tropas siguen allí, y no se espera que su sucesor, Roy Mason, que ha sido hasta ahora ministro del Ejército, pueda superar lo que Rees ha logrado por devolver un cierto estado de normalidad callejera a Irlanda del Norte.

Mason, además, ya se encuentra con la oposición de algunos grupos políticos moderados de la provincia. Gerry Fitt, del Partido Socialdemócrata Laborista, de tendencia republicana, ha dicho que el nuevo encargado de los Asuntos del Ulster es un hombre poco de fiar porque como ministro del Ejército no ha tomado medidas disciplinarias contra los soldados acusados de maltratar a ciudadanos irlandeses.

14/1/09

"Es bueno arrepentirse"

Gonzalo Altozano, Semanario Alba, 19 de diciembre de 2008

EL tiempo en la cárcel lo dedicó al estudio y a la oración. Y a reflexionar sobre el bien y el mal, sobre las víctimas del terrorismo, sobre los derechos humanos, sobre la fe religiosa. Shane Paul O'Doherty fue uno de los primeros miembros del IRA en hacer público su arrepentimiento y su rechazo a la violencia. Veinte años después de su puesta en libertad, O'Doherty cuenta su apasionante conversión en No Más Bombas (Ed. LibrosLibres).

-No es usted el primero que encuentra a Dios en la cárcel.
-Es uno de los mejores lugares para hacerlo. Sobre todo cuando, como a mí, te caen treinta cadenas perpetuas. Una condena así sirve para entender eso que llaman "eternidad".

-¿Dónde empezó su camino de vuelta?
-En la cárcel de Brixton. Una vez le pregunté al capellán, el jesuita Anthony Lawn, dónde podía encontrar pruebas de la existencia de Dios.

-¿Qué le respondió?
-"En los Evangelios, por supuesto".

-¿Usted qué hizo?
-Leerlos por primera vez en mi vida. Los cuatro. De un tirón.

-¿Con qué se encontró?
-Con un hombre, Jesucristo, que me atrapó de inmediato.

-¿Qué le atrajo de Él?
-Su personalidad; sus opiniones y actividades radicales; su oposición a la hipocresía; su dedicación a los pobres; sus alusiones revolucionarias sobre el amor a los enemigos...

-Eso último no se lo ensenaron en el IRA
-No. En el IRA aprendes que al enemigo no se le ama: se le mata. Tras leer, de golpe, los Evangelios, mi idealismo republicano empezó a resquebrajarse.

-¿Qué acelero el proceso ?
-La lectura, antes del juicio, de las pruebas que se iban a presentar contra mí. Ahí estaban los informes médicos de personas inocentes cuyos nombres no esta­ban en las cartas bomba que enviaba.

-Esos informes...
-Eran la prueba de que lejos de ser un idealista, yo era un delincuente, un violador de los derechos humanos.

-Tras el juicio, le envían a la prisión de Wornwood Scrubs. Allí comienza un periodo de reclusión aislada que duraría más de un año.
-Que me sirve para proponerme varias metas: aferrarme a un idealismo puro, ser mejor persona, alejarme de la violencia, luchar por un futuro mejor...

-Sin embargo...
-Tenía una asignatura pendiente: mis victimas.

-Pero ya les había pedido perdón.
-No. En el juicio hable de "víctimas inocentes de la clase trabajadora". Pero no dije nada de las otras: mis blancos militares y políticos. A estas no tenia intención de pedirles perdón.

-¿Qué le hizo cambiar de idea?
-La lectura reposada de los Evangelios.

-¿Algún pasaje determinado?
-"Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda" (Mt 5,20).

-¿A qué conclusión llegó?
-A la de que mi violencia, mi pecado, no había dañado una relación, sino tres: con mis victimas, conmigo mismo y con Dios.

-Y para restaurarlas...

-Tenia que admitir lo atrozmente equivocados que habían sido mis actos. Después, debía intentar hasta donde me fuera posible corregir el mal que había hecho.

-¿Cómo?
-Enviando mis ideas a la prensa, escribiendo cartas de súplica a las víctimas, buscando el perdón de Dios.

-Es la parábola del hijo prodigo, versión tiempos modernos.
-¿Sabe? Entiendo bien la alegría del hi­jo que vuelve.
-¿Por?
-Porque arrepentirse es bueno; el regreso a la Casa del Padre está lleno de recompensas.

-¿Siempre?
-Bueno, a veces, hablando con curas, he tenido la sensación de que me querían decir: "¡Qué bien que te hayas convertido! Pero ¿por qué no te vas a otra parroquia?".

- Oiga, y sus camaradas del IRA…
-Pensaron que me había vuelto loco.

-¿Loco?
-Sí, porque les hablaba de conciencia, de culpa, de pecado.
-Mire, para los terroristas nada es pe­cado, ellos siempre tienen la razón. O eso creen.

-Pensaba que los del IRA se decían católicos.
-¿Católicos? Me hubiera sido más fácil abandonar la banda si me hubiese ido a un grupo marxista-leninista que convirtiéndome al catolicismo.

-Es que a quién se le ocurre hablar de pecado...
-Tiene razón. Parece una palabra prohibida, más en el tercer milenio. Y sin embargo...

-¿Sin embargo?
-Mi esperanza después de contar mi historia es que alguien, después de leerla, no haga la elección que hice yo con sólo quince años y evite así las horribles consecuencias de un gravísimo pecado.

12/1/09

"Me dí cuenta de que matar estaba mal pero no podía parar hasta que fui arrestado"


Blanca de Ugarte, El Imparcial, 21-12-2008

“Cuando me detuvieron fui feliz”, reconoce Shane Paul O´Doherty. A los quince años se incorporó a la rama juvenil del IRA. Cumplía de esta manera su propósito escrito en un papel con tan solo diez años: “Cuando sea mayor quiero luchar y, si es necesario, morir por la libertad de Irlanda”. Con la violencia comenzó a rodar cuesta abajo hasta que la cárcel le salvó. “No más bombas” (LibrosLibres) es el resultado de catorce años de reflexión, arrepentimiento y de encuentro con Cristo. Con una mirada sincera y voz sosegada, este terrorista arrepentido pide una educación en valores y en respeto a los Derechos Humanos.

Comienza su autobiografía haciendo referencia a sus orígenes, a su educación, a su familia. ¿Es determinante el entorno? ¿el lugar donde hayas nacido pare el terrorista?

Por supuesto, influye donde hayas nacido. Es difícil pensar, por ejemplo, que alguien de Málaga se haga miembro de Eta. Pero no es sencillo medir hasta qué punto influye el entorno. Hay otros aspectos que también afecta en la “creación” de un terrorista: donde haya nacido, la comunidad donde habite… Porque la sociedad también permite que existan los terroristas. El Estado y las circunstancias políticas también influyen. En Irlanda del Norte, a raíz del Domingo Sangriento (1972) y, años después, Margaret Thatcher permitiendo la muerte de prisioneros del IRA por huelga de hambre (1981), también hicieron que muchos jóvenes pasaran a ser terroristas. Hay muchas circunstancias que afectan al “nacimiento” de un terrorista.


Supongo que la educación también es determinante.

Claro que influye la educación. Necesitamos un movimiento formado por familias, políticos, educadores y sacerdotes que se comprometa a educar a los jóvenes en los Derechos Humanos. Los Gobiernos están preocupados en crear organizaciones que recaudan impuestos, que se ocupan de los inmigrantes y todo tipo de derechos sociales pero se olvidan de transmitir los Derechos Humanos a la juventud. A mi modo de ver, los colegios, las parroquias y otras organizaciones deberían de hacer constar su compromiso con estos derechos fundamentales. Ayer mismo, durante una charla en una parroquia, me impresionó muchísimo saber que algunos sacerdotes vascos no condenan el terrorismo. Estos hombres no están en comunión con la Iglesia.


Describe usted en su libro cómo se alegró que su primer disparo a un soldado británico no lo hiriera de gravedad. Le había mirado a los ojos. Usted sintió alivio pero ¿un terrorista tiene escrúpulos? ¿Qué siente aquel que ni mira a los ojos, dispara a la nuca o se ensaña con varios disparos?

Este es uno de la Humanidad: todos los hombres somos diferentes y actuamos de una manera distinta los unos de los otros. Pero, es cierto, que todos los terroristas han comenzado al profesar un nacionalismo exacerbado. Ahí comienza una cuesta abajo por la que se deslizan y no puedes volver atrás. Además están sumergidos en un clima en el que hay una gran presión por parte del grupo, en el que no hay tiempo para pensar, ni para volver a ser uno mismo. Lo principal es seguir con vida y que no te coja la Policía. He leído muchos relatos de miembros de la brigada roja italiana arrepentidos, conocido a muchos terroristas del IRA que también han pedido perdón. Todos ellos reconocen que querían salvar a su nación cuando eran jóvenes pero no se dieron cuenta entonces que, cuando emprendían esa lucha por liberar a tu tierra se convertiría en una lucha personal por liberarse de esa organización que les controlaba sus pensamientos. La elección es del propio terrorista que puede quedarse en la cárcel sin hacer nada, cumplir su condena y punto, o tener la valentía de liberarte a ti mismo de alguien que te controle.


¿Cree que usted es merecedor del perdón de sus víctimas?

Mucha gente se cree que ni siquiera me he arrepentido, que piensa “puto terrorista”. Muchos no me perdonan. Pero la cuestión no es esa. Yo lo que quiero es hacer las paces con Dios. Jesucristo no habló de tregua, ni de dejar las armas. Habla del arrepentimiento personal. Eso es lo que importa. Yo sé que lo tenía que hacer es pedir perdón. Lo que piensen lo demás no importa. Lo relevante es reconciliarme con Dios y seguir el Evangelio. Es una visión un poco egoísta tal vez pero es lo que creo que tenía que hacer.


¿Acaso matar por patriotismo nubla el sentimiento de culpa?

Existe una contradicción muy importante en todas las sociedades. Por un lado, necesitan jóvenes para enrolarlos en sus ejércitos. Tanto el Gobierno de España, como el de Estados Unidos, como el de Gobierno de Irlanda dicen sus jóvenes: “Salva España, salva Estados Unidos, salva Irlanda de los británicos”… Los ismos, el nacionalismo y el patriotismo son las fuentes principales integrarlos, al igual que los terroristas. Pero, por otro lado, dan armas para matar y te pagan un sueldo para, en un momento dado, matar. En las maldivas, por ejemplo, los capellanes bendecían a aquellos que iban a matar por un trozo de tierra. Esto es una contradicción porque si enseñas a los jóvenes a luchar por su país, algunos pueden verlo desde la perspectiva del patriotismo exacerbado y convertirse al final en terrorista.


Perdone pero no estoy de acuerdo con usted. No se puede comparar ejército con terroristas. El ejército es una institución legal formada por jóvenes dirigidos por militares más mayores, formados, menos apasionados y con más experiencia. Estos jóvenes deberán obedecer las órdenes de sus superiores y éstos a su vez, las dictadas por el gobierno de una nación.

Es muerte, da igual que sea fruto del terrorismo o del ejército. Recuerdo centenares de personas que asistían a una boda en Afganistán murieron a consecuencia de un bombardeo del Ejército de Estados Unidos. Luego se dijo que fue por error pero a quién le importan que sea un error. Los soldados mataron a cientos de civiles, da igual que fueran vestidos con un uniforme. Lo que no se puede hacer es decir: “A veces está bien matar, otras, no”.


Un ejército está para defender a su país, no para agredir a otro. Atacará si ha sido atacado y si un país aliado es atacado. No se pretende luchar contra nadie. No se busca un enfrentamiento, una confrontación con otro país, grupo armado, alianza… El patriotismo no tiene porque contradecir otro patriotismo, se puede ser vasco y se puede ser español.

Los terroristas también usan este mismo argumento. Cuando sienten que no tienen ni gobierno ni ejército que los defienda deciden ser crear ellos su ejército y defender la que consideran su tierra y su gente. Y, si después llevan al poder, ya tendrán este ejército, que sería entonces legal. Piensan que los “héroes” de hoy serán mañana los políticos. Los terroristas usan ese mismo argumento.
Estoy de acuerdo con usted de que se puede comparar el ejército con una banda terrorista pero los jóvenes cogen este argumento y lo interpreta a su manera. Por ello necesitamos emplear otro nuevo argumento, basado en la defensa de los Derechos Humanos. Así conseguiremos que no se recurra a la violencia. Porque, al final, un ejército obedece órdenes. Sin un acuerdo de la OTAN, se enviaron tropas a Irak y mataron a centenares de civiles. Se necesita un argumento mejor.
¿Por qué nadie se opuso a la decisión de Estados Unidos? ¿Por qué ningún soldado se negó a ir a la guerra? A mí lo que me importa son la decisiones de los individuos.

En cuanto a esta faceta de lo que piensa el terrorista, ¿cree que tiene alguna forma de salir de esa cuesta abajo de la que hacía alusión antes?

Esto es diferente en España que en Irlanda porque en allí hay muchos han salido ya que no han coartado la libertad de sus miembros siempre y cuando no fueran unos chubatos. En cambio, es diferente en el caso de Eta, me acuerdo ahora de Yoyes que fue asesinado por los propios terrorista por marcharse. Es un proceso difícil pero estos terroristas tienen que sacar el coraje de enfrentarse a sí mismos, comunicar su abandono de violencia y dejar de ser controlado por estas organizaciones.

¿Qué futuro se imagina un joven que ingresa en una banda asesina?
Un terrorista sabe que lo único que le espera es la muerte o la cárcel.
¿Y de qué sirve la cárcel?
Primero, la prisión frena al terrorista a hacer el mal. Pero, además, allí tiene tiempo para pensar. No hay que pensar que Eta está en la cárcel sino personas que pasan la noche solos con sus conciencias. En ese momento cuando necesitan que ese coraje que han usado para matar lo empleen ahora para encontrarse a sí mismos y liberarse de esa organización que les está controlando los pensamientos. Son doblemente presos: físicamente del Gobierno y también de una organización que no les permite pensar. Y para liberarse de ello es para lo que necesitan coraje.

Usted sí sacó fruto a la prisión, cuenta que allí se encontró con Jesucristo en la Eucaristía, la confesión y la lectura de los Evangelios. ¿Su arrepentimiento pasó por su encuentro con Cristo?

Yo tengo muchos amigos que se marcharon del IRA por su familia, por padecer problemas nerviosos, porque se fueron a otras organizaciones pero no se arrepintieron de su violencia. En cambio, yo era y soy católico, nacido en una familia creyente, educado en la fe en un colegio católico… Pero, al ver que el Ejército británico mataba a católicos pensé que tenía que luchar por mi gente y mi país. Y una vez dentro del IRA, veía imposible salir. Al cabo de un año, me dí cuenta de que matar estaba mal pero no podía parar hasta que fui arrestado. Y cuando me detuvieron fui feliz.

En la cárcel tuve tiempo de buscar a Dios, de buscarme a mí mismo. Pude estudiar los Derechos Humanos, también los de los presos. También aproveché la prisión para escribir cartas a mis víctimas. Pero lo más importante para mi fue saborear los cuatro Evangelios y frecuentar los sacramentos, la Eucaristía y, sobre todo, el sacramento de la Reconciliación.

19/12/08

Ponía bombas en Londres y sabía que eso no llevaba a ningún lugar


Por Alfredo Urdaci, publicado en La Gaceta el 15 de diciembre de 2008
Shane Paul O'Doherty, terrorista arrepentido del IRA.

El hombre que gesticula y sonríe frente a mí aterrorizó a Londres durante meses con sus cartas bomba. En 1975 fue juzgado y condenado. Pasó 14 años en la cárcel. En ese tiempo redescubrió la fe, se arrepintió y escribió cartas de perdón. En el 89 salió de prisión.

Estudió Filología, Teología y Filosofía. Habla como un torrente, ríe, mueve las manos y dispara chistes sobre ingleses. Ha vivido en Irlanda, en Estados Unidos, en Suecia, y en la cárcel. En prisión se liberó. En No más bombas (Libroslibres) relata su vida.

¿Por qué entró en el IRA?
Fue con 15 años. En mi casa nunca se habló del problema irlandés. Fue en la escuela. La historia sólo hablaba de los héroes, de los mártires, de violencia.

Así que usted se dedicó al terrorismo.
No entendía cómo a unos kilómetros de mi casa los irlandeses tenían libertad y nosotros no. Desde nuestra ventana se veía la Irlanda libre. Nos educaron para la violencia.

Hoy está liberado de ese odio.
Yo crecí internamente en la cárcel. La lección más extraña de mi vida es que después de haber luchado contra ellos, una vez cumples la condena, los ingleses te dejan en paz. Y eso no pasa en otros países.

Pues les dejó usted amargos recuerdos.
Hoy voy a Londres a menudo y me muevo con facilidad. Cuando vuelvo a Irlanda les digo lo respetuosos que son los británicos y no les gusta.

¿Cuándo se dio cuenta de que el camino del terrorismo era un callejón ciego?
Cuando ponía bombas en Londres ya sabía que aquello no llevaba a ningún lugar.

¿Y en prisión?
Mire, en prisión no tienes otra opción que ser honesto. Mandé una carta al periódico del IRA con mis reflexiones. No la quisieron publicar. Se la mandé al obispo y la hizo pública.

Y estalló.
Todos sabíamos que la violencia no llevaba a nada, pero estaba el honor, y por eso nadie quería reconocerlo. Cuando estás en la cárcel te dicen que no aceptes nada del enemigo. Yo fui el primero que optó por la educación.

Eso le condenó a la soledad.
Necesitaba la libertad de pensar por mí mismo. Tenía que luchar contra una organización que me dominaba. En la cárcel encontré mi liberación personal. Es como la historia de Yoyes.

¿La conoce?
Claro. Yoyes demuestra el miedo que tienen las organizaciones terroristas a que sus miembros piensen por sí mismos.

¿Y cómo se sale?
La misma pasión que pones en la violencia la tienes que poner en una liberación personal. La gran pregunta es ¿ha merecido la pena tanto dolor, tanta gente en prisión, tantos muertos?

Esa es una pregunta con respuesta incluida.
Muchas veces me miro al espejo y pienso que la huella que dejamos en el mundo es muy leve. Quiero que la mía sea lo mejor y más profunda posible.

En casa no le hablaron de armas, ni de odio y, sin embargo, usted eligió esa opción. Le pasará a otros.
Es que la escuela nos contó una historia de violencia, no nos hablaron de derechos humanos. Y no es posible ninguna cultura moderna que piense que matar es un deber.

14/12/08

Presentación oficial de No Más Bombas


El pasado jueves día 11 de diciembre Shane Paul O'Doherty presentó oficialmente No Más Bombas en Madrid, en la Asociación Cultural Zayas.

El acto, presentado por Sara Martín de la editorial, Libros Libres y Amparo Latre, periodista de COPE - quien nos dijo algunas palabras introductorias sobre Shane - fue familiar y distendido. Después de que el autor nos contase brevemente su trayectoria de conversión, los asistentes tuvieron la ocasión de hacerle algunas preguntas. A continuación podéis leer algunas.

P.- ¿Qué fue lo más decisivo para tu conversión respecto al uso de la violencia?

R.- Lo que más me influyó fue leer los informes de cada una de mis víctimas y ver el daño que había causado. Ninguna causa puede valer eso.

Más adelante fue la lectura de un tirón de los cuatro Evangelios lo que me impresionó. En mi mente, al leer cada uno de ellos, vi como si fuera un DVD en cuatro partes de la vida de Jesucristo y me impacto el hecho de que Él, con una causa sagrada, divina e inocente, nunca usara la violencia nosotros, con una causa ni sagrada, ni divnia ni inocente, sí estábamos dispuestos a hacerlo.

P.- Has mencionado que siendo tan jóvenes no teníais todavía estudios. ¿Crees entonces que estos jóvenes que usan la violencia como medio de conseguir sus metas lo hacen por falta de juicio intelectual?

R.-No exactamente. Los adultos reclutan jóvenes porque quieren gente dispuesta a hacer cualquier cosa por un ideal, más fácil de manejar. Una cultura que hace que el exceso de patriotismo llegue a estos extremos es una cultura enferma. Es esa cultura - la que ahora les proporciona las armas, el patriotismo exacerbado, la pérdida del respeto a los demás - la que tiene que inculcar a los jóvenes el respeto por los derechos humanos de TODOS, no sólo de unos pocos. Las escuelas, las iglesias, las familias, los estados.... todos tienen el deber moral de educar a los jóvenes en el respeto total.

P.-¿Qué piensas de la nueva situación de Irlanda, ahora que ha conseguido la paz?

R.- Pienso que aunque esa paz de la que gozamos es un milagro, tenemos que seguir trabajando porque las nuevas generaciones vean que la violencia es un error y que la paz no se consigue simplemente por un tratado o un acuerdo, porque si eso falla, en cualquier momento, aquellos que no estaban de acuerdo con ese contrato, pueden volver a saltar. Es necesario seguir trabajando por que todos aprendan que se puede luchar por un ideal por medios democráticos. Es triste ver todo el daño que causamos al usar la violencia y ver que después de todo, las fronteras siguen ahí, en Irlanda del Norte todavía se usa la Libra Esterlina y todavía hay un gobierno dividido al 50%.

En la cárcel leí Por quién doblan las campanas, de Hemingway, y vi que la historia del protagonista era muy parecida a la mía y que escribiendo la mía podía ayudar mucho. Siempre me ha atraído mucho España: la política actual, al igual que en Irlanda, está marcada por una guerra civil; igualmente, el catolicismo intenta sobrevivir en una sociedad que cada vez tiene menos valores. Siempre me ha interesado mucho el tema de ETA y por todo ello decidí publicar mi libro en España. Espero de verdad, que llegue a muchos jóvenes que puedan estar cerca del erróneo camino de la violencia.




12/12/08

El único terrorista que pidió perdón a sus víctimas explica por qué


ALGUNAS NO ACEPTARON

Por Carmelo López-Arias, publicado en El Semanal Digital, el 25 de noviembre de 2008

Shane O´Doherty ha contado su historia desde que a los quince años entró en el IRA y se consagró a poner todo tipo de bombas. Sólo la reflexión en los años de cárcel le hizo cambiar.

Hace dos domingos La Razón publicó un extenso reportaje de Irene Villa, mutilada por ETA en 1991 y periodista en activo, sobre Shane O´Doherty, con motivo de la publicación en España del impactante testimonio de este ex miembro del IRA (Irish Republican Army, Ejército Republicano Irlandés): No más bombas (LibrosLibres).
En cuya vida hay una peculiaridad: se trata del único terrorista, de cualquiera de los grandes grupos conocidos, que ha perdido perdón una por una a sus víctimas ofreciéndoles reparación y llevándola a la práctica. Algo muy distinto de ese "arrepentimiento" de algunos etarras que es en realidad mera acomodación a las circunstancias o cambio de táctica: consideran que "ya no" es necesaria la "lucha armada", sin reprobar lo que en otro tiempo hicieron, considerándolo, entonces y ahora, justificado.

Del ideal de "la lucha" a la realidad de los atentados

La narración arranca de su propio compromiso infantil con la libertad de Irlanda en forma de una consagración personal absoluta, alimentada por los héroes y los mitos de una vieja lucha contra el dominio británico.

A principios de los 70, cuando las manifestaciones republicanas eran reprimidas a tiros por la policía del Ulster, el IRA retomó sus actividad bajo la forma de una intensa campaña terrorista. O´Doherty, con quince años, se buscó la vida para unirse al grupo y lo logró. Pronto se especializó en el manejo de explosivos y fue adquiriendo responsabilidad en la organización merced a su audacia, tanto en atentados de gran magnitud como en otros a pequeña escala. Describe con todo género de detalles cómo era la vida en Derry (la Londonderry de los británicos), uno de los epicentros de la lucha callejera, y cómo el inicial alivio que sintieron cuando el Ejército de Su Majestad sustituyó a las fuerzas norirlandesas se convirtió en desazón al ver que no había grandes diferencias.

En un momento a O´Doherty le enviaron a Londres para una campaña de cartas-bomba en la que el IRA buscaba sobre todo -y obtuvo- ecos mediáticos. Él solo tuvo en vilo a la policía y a los londinenses durante meses, y estuvo a punto de caer en varias ocasiones.

Paradójicamente fue detenido durante la tregua de 1975, cuando había podido regresar a casa y llevaba una vida normal, tras varios años dedicado a tiempo pleno al terrorismo.

Pasó en la cárcel quince años, condenado a varias cadenas perpetuas. Su tozudez en no cumplir las normas penitenciarias fue sin embargo providencial, porque le castigaron en un módulo de aislamiento que le sirvió para pensar sobre el daño que había causado. Para uno de los juicios tuvo acceso a un dossier detallado de todas las acusaciones, incluyendo las lesiones causadas a las víctimas (no llegó a matar a nadie en sus decenas de atentados, aunque cuenta tres ocasiones en que sencillas casualidades evitaron auténticas masacres). Y ahí se le cayó la venda de los ojos: "El uso de la violencia me había transformado. Lejos de ser un idealista con profundos principios morales, yo era un delincuente con un expediente aparentemente interminable de violaciones de los derechos humanos... No había ninguna justificación para todas aquellas heridas y veía la indiferencia egoísta y desalmada que había sentido por las víctimas en la época en la que celebraba mis éxitos terroristas".

En 1978 escribió una carta, expresando estos sentimientos, a un diario republicano que no quiso publicarla. Lo hizo la competencia, y el asunto saltó a los diarios de Londres como en tiempos lo habían hecho sus crímenes: "No me importaban los derechos humanos de aquellos a los que lesionaba", confesó en la misiva, "pero era extremadamente delicado en lo que a los míos se refería. Al dañar a seres humanos no corregía ninguna injusticia, sino que creaba una nueva". Y añade O´Doherty, ya en el texto de No más bombas: "No era el idealista brillante, buscador de justicia, que había creído. Era un serio violador de los derechos humanos que había caído ante la mística y el aura de la táctica de la violencia".

Fue entonces cuando decidió que no bastaba con conclusiones teóricas, y solicitó autorización al juez para escribirle a sus víctimas. Un mediador les pedía antes permiso, y luego él demandaba su perdón por el daño que les había causado, ofreciéndoles reparación. Algunas no lo aceptaron, otras sí.

Un libro para el debate

El testimonio de O´Doherty tiene muchas lecturas. Una es, desde luego, que no hay comparación posible entre el "caso irlandés" y el "caso vasco". Ya no por historia, que desde luego que no: los nacionalistas vascos, pacíficos o violentos, hacen objetivamente el papel de los unionistas norirlandeses, esto es, romper la unidad de las naciones históricas (España e Irlanda) en aras de las inexistentes (Euskadi o un Reino Unido con pocos títulos de legitimidad para su soberanía sobre Irlanda del Norte). Pero es que tampoco por la relación política entre ciudadanos y Estados; ni por la existencia de dos comunidades separadas -católica y protestante- frente a la homogeneidad interna, y con el resto de España, de la sociedad vasca; ni por la existencia de una contrapartida al IRA, no menos terrorista que éste, que son los grupos armados unionistas.

Y hablando de "protestantes" y "católicos", una segunda lectura es que dichas etiquetas son poco más que eso, etiquetas: expresan la raíz histórica del problema y poco más. El mismo O´Doherty, cuando entró en la cárcel, le pidió al capellán pruebas de la existencia de "su Dios católico". Luego dedicó su mucho tiempo libre, entre otras cosas, a leer los Evangelios. Eso influyó en su cambio, aunque no se desprende de la lectura que haya una conversión religiosa como causa directa de la transformación que experimentó. En cualquier caso, cuando sus compañeros del IRA escuchaban sus razones religiosas, le menospreciaban y retiraban el saludo.

En fin, una última lectura podría indicarnos hasta qué extrema miseria moral conduce el terrorismo a quienes lo practican, que casos como el de O´Doherty sean tan excepcionales. No estamos ante un terrorista que "abandona las armas". De esos ha habido muchos a quienes el enfriamiento de los ímpetus juveniles o una larga estancia en prisión han convencido de que ya no era adecuado ese camino... pero sin repudiarlo moralmente. O´Doherty da el verdadero paso: pedir perdón una a una a sus víctimas, decirles que lo que hizo no debió hacerlo fueran cuales fueran sus pretextos.

Y se hace una pregunta crucial: "¿Es sensato suponer que quienes han matado a inocentes para conseguir el poder político dejarán de hacerlo sin más cuando lo obtengan?". Buena pregunta que invita a no ceder jamás a ninguna exigencia de los terroristas.

Pedí perdón a mis víctimas aunque eso no cambiara la realidad


Por Blanca Torquemada, artículo publicado en ABC, 11 de diciembre de 2008

LLega a Madrid persuadido de que sus vivencias como terrorista y su posterior renuncia a la violencia, relatadas con franqueza que desarma en No Más Bombas (Libros Libres), ayudan a la reflexión. También en España.

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Shane O'Doherty escribió este libro hace quince años y ahora nos llega traducido al español. Con esa perspectiva y cuando ya hace una década que se firmaron los acuerdos de Viernes Santo, ¿ve consolidada la paz?
-¡Esa pregunta no la puede responder nadie! Después de treinta años de violencia y de guerras a lo largo de ocho siglos, se percibe como milagrosa la paz alcanzada, pero ahora mismo el arzobispo irlandés Sean Brady advierte de que hay jóvenes que quieren tomar las armas. ¡Eso es lo que tenemos que evitar! Hay que crear una verdadera «cultura» de los derechos humanos. La gente acepta esta paz, pero no trabaja para mantenerla y hacer comprender que la violencia desacredita cualquier causa. Siempre.

-Relata usted cómo sus circunstancias (dónde y cuándo nació) le determinaron. ¿Es diferente para los niños de hoy en Irlanda del Norte?
-El problema es que no tenemos ni literatura, ni canciones ni relato histórico de la paz, porque lo que único que se nos ha legado hasta ahora ha sido todo el imaginario de la opresión de Irlanda. Los chavales sólo escuchan que los ingleses se han portado como unos hijos de puta. Nos falta proporcionar a las nuevas generaciones herramientas intelectuales para que comprendan que varias décadas de violencia sólo han generado dolor y no han supuesto ningún avance para la causa irlandesa. Las fronteras siguen en el mismo sitio.

-Se incurre en la permanente tentación de comparar la lacra de ETA en España con lo vivido en su tierra. ¿Algo que ver?
-Lo cierto es que cuanto se refiere a ETA ocupa un lugar muy destacado en la prensa irlandesa. No es casual que De Juana Chaos haya acabado en Irlanda o que el cura Alec Reid se pasee a menudo por el País Vasco y por el resto de España. ¿Elementos comunes entre ETA y el IRA? Los mismos que el IRA pudo tener con la Baader Meinhof en Alemania o las Brigadas Rojas en Italia. Yo lo resumiría en que comparten la capacidad de fanatizar a los jóvenes hasta llevarles al punto de despojar de valor la vida humana so pretexto de una lucha.

-En lo demás, poco o ningún parecido...
-Al País Vasco nadie ha llegado desde fuera para invadirlo, como han hecho los británicos con Irlanda. Y en estos últimos treinta años quienes más han contribuido a reclutar terroristas para el IRA han sido Ian Paisley y Margaret Thatcher. No se puede comparar a treinta individuos que ingresan en ETA con lo que allí ha venido sucediendo con miles de chicos.
-No sólo se arrepintió de su actividad terrorista, sino que pidió perdón.
-Escribí cartas a mis víctimas. ¡No podía cambiar la realidad, pero me lo dictaba mi conciencia! Unos contestaron, otros no y algunos enviaron la carta a la prensa, que me puso como un trapo. Me vi atrapado en una terrible paradoja: si no pedía perdón, malo, si decía «lo siento», también.

-¿Cómo recibe su testimonio la sociedad irlandesa?
-¡Depende del momento! Después de salir de la cárcel, cuando viajaba a Irlanda del Norte la gente me abordaba indignada por la calle y me soltaba que qué estaba haciendo, que no había derecho, a pesar de que ya sabían que la cúpula del IRA estaba negociando con el Gobierno británico. Y ya últimamente me decían, «ah, pues está bien». Pero ahora hay otro problema: ¿Tiene la sociedad capacidad para acoger a quienes caímos en eso cuando éramos unos críos y hemos cambiado? ¿Me permite la sociedad cambiar? Mi deseo es que este libro lo lea la gente joven porque, además, lo cuento todo con la mayor naturalidad posible, y hasta con humor: ¡Yo estaba dispuesto a morir por Irlanda. pero a ser homosexual por Irlanda no!
-¿Y ahora?
-A estas alturas y en una sociedad que acepta mal a quien se declara religioso, me conformo con decir: ¡Soy católico!