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9/10/14

Congreso Lo Que De Verdad Importa


Una vez más, Shane O'Doherty participará como ponente en el congreso Lo Que De Verdad Importa, que se viene celebrando desde hace años en varias ciudades de España con el fin de acercar a los jóvenes valores humanos universales a través de ponencias universales.

Shane estará mañana, 10 de septiembre, en el congreso de Barcelona y el día 29 en el de Valencia. El año pasado participó en el de Zaragoza y en 2010 en Madrid.

En el congreso Shane expondrá a los jóvenes su trayectoria de vida y contará qué fue lo que le llevó a ofrecerse como voluntario para luchar en el IRA, pero, sobre todo, por qué decidió arrepentirse y renunciar a la lucha armada.






Junto a él participarán Miriam Fernández, que ya participó con Shane en el de 2010, y Albert Bosch, deportista, emprendedor y escritor.

Podréis seguir el congreso den directo a través de la web de la organización: www.loquedeverdadimporta.org








23/3/10

Belén Palancar. La Gaceta, 31 de enero de 2010, Madrid

“Nadie puede negociar con gente que está dispuesta a matar a inocentes”

Shane O’Doherty, el ex terrorista del IRA que pidió perdón

Dice que la sombra de su pasado como terrorista aún le persigue. Tras pasar 14 años entre rejas y pedir perdón a sus vícti­mas, Shane O’Doherty confiesa que aun así lleva­rá el letrero de asesino cargando en su espalda toda su vida. Pero él ase­gura que aunque no lo pueda borrar, su fe y su acercamiento a Dios le cambiaron la vida.
Shane escribió un libro, No más bombas, en el que cuenta cómo la cárcel le ayudó a quitarse la venda y a comprender que “la vio­lencia no tiene ninguna jus­tificación y mientras los terroristas no se den cuen­ta de ello, no hay nada que hacer”. Algo que según el ex revolucionario, todos los Gobiernos deberían tener en cuenta.


-Hace un mes un policía del Ulster resultó herido a causa de una bomba. El año pasado dos soldados británicos murieron a manos de unos disiden­tes del IRA. Algunos expertos puntualizan que el final de esta orga­nización terrorista en Irlanda del Norte no está escrito. ¿Comparte usted esta opinión?
-El 95% del IRA abando­nó completamente la gue­rra y dejó las armas en 2005. Esto fue un autén­tico milagro, pero sucedió en un momento en el que la banda terrorista ya no contaba con el mismo res­paldo. La mayoría de católicos estaban de acuerdo en acabar con la tragedia gracias al impor­tante papel de la Iglesia católica. Se apoyó la vía democrática y el Sinn Fein consiguió una mayor representación en el Par­lamento. Ahora la pobla­ción aplaude las decisio­nes tomadas por el parti­do que cuenta ya con 24 diputados en la Asam­blea. Por eso, los que apo­yan a esa minoría de disi­dentes son casi invisibles; son muy pocos y carecen de respaldo.


-¿Qué fue clave para dicho cambio?
-Sin duda, la actitud de la gente. La comunidad internacional ha cambia­do y la policía ha ayudado a restablecer la paz. Yo vivo en Dublín, pero cuando viajo por mi país me doy cuenta de que muchos de estos disiden­tes no provienen de Irlan­da del Norte, si no de pequeños pueblos de la República. Allí ha latido durante décadas, (y toda­vía continúa), un senti­miento de guerra y de invasión británica que prosigue debido a que muchos viven aislados y a que sólo cuentan con la visión de la generación de sus padres y abuelos. Hay una clara división entre las ciudades, (las zonas industrializadas), con una visión moder­na, y la zona rural, con una postura más tradi­cional. Me duele que estas personas mayores piensen así, y que fomen­ten el desarrollo de otra guerra civil. Estas mis­mas personas siguen recolectando dinero para los prisioneros de las cárceles, pero ya no obtienen ningún tipo de apoyo, ni de respaldo de los Gobiernos.


"No recibí amenazas por salirme, pero mis colegas me vigilaban"

-El libro le ha servido a usted para pedir perdón por sus acciones dentro del IRA y para relatar su historia. Fue en la cárcel donde empezó a sentir esa necesidad, ¿por qué?
-Es complicado de expli­car. Después de salir de la cárcel mucha gente, fami­liares y periodistas, inten­taban contactar conmigo para que les contase mi historia. En ese momento me estaba leyendo Por quién doblan las campa­nas de Ernest Hemingway y pensé que tenía una his­toria similar, lo que me motivó para escribir la mía propia. Cuando me aden­tré en el IRA, era un joven lleno de fuerza y de pasión, donde todo me parecía muy simple; todo era blanco o negro. La verdadera cara de la violencia es solo una y no tiene salida: la muerte o la cárcel. Yo fui un afortunado que sobrevivió y que en la cárcel maduró y aprendió los valores humanos gracias al catolicismo, que me ense­ñó a seguir mi conciencia promoviendo la paz. En cuanto te paras a pensar comprendes lo que has hecho mal y todo el dolor que has causado a gente ino­cente. Fue muy difícil ese cambio en la cárcel, con mis compañeros al lado que me vigilaban, pero la Iglesia se acercó a esos líderes terro­ristas para hacerles entrar en razón.



-¿Sufrió algún tipo de amenaza por ese deseo de querer dejar la orga­nización terrorista?
-No, la verdad es que no. El IRA, durante toda su historia, ha visto a cientos de personas entrar y a cientos de personas salir, algo que en España no podría ser porque te ame­nazan de muerte. Nuestra tradición es distinta; pue­des sobrevivir. En ese momento yo intentaba acercar a la organización con la Iglesia para llegar a un acuerdo de paz.


-¿Cree usted que otros compañeros suyos tam­bién estaban dispuestos a pedir perdón y salir del IRA?
-Estoy convencido. Cuan­do yo escribí mis cartas en las que pedía perdón a las víctimas, muchos de mis ex compañeros, que tam­bién estaban en prisión, me decían: “Shane, cuan­do no pedías perdón esta­bas loco. Ahora que lo pides, mucho más”. El declararse culpable y pedir perdón era algo inconcebible, y más aún si ésto se hacía público. Por ese temor, muchos no se atrevían a dar el paso. Era más fácil no decir nada.


-Muchas de las víctimas critican que su perdón estaba dentro de una auténtica provocación. ¿Qué les diría?
-Es muy difícil perdonar un dolor tan grande que no tiene vuelta atrás. El Gobierno no nos creía ni los medios de comunica­ción ni la mayoría de las víctimas, aunque milagro­samente tengo que decir que algunas sí lo hicieron. Quiero confesar que nunca se pide perdón por las víc­timas, ni siquiera por uno mismo. Tú pides perdón por tu fe, por tus valores, por Dios, en mi caso. De alguna manera, no impor­ta lo que las víctimas digan. Me reencontré con unos valores que me lleva­ron a hacer lo correcto.





-¿Fue su fe entonces lo que le llevó a pedirles perdón?
-Sí, sí, seguro. Yo sabía que esto no me iba a traer más amigos y que mucha gente no me iba a creer, es un gran coste. Es muy fácil condenar al hijo pródigo y después no escuchar más.


"En algunas zonas rurales se sigue pidiendo dinero para los prisioneros"

-¿Cómo estaba organi­zada la banda?
-Era una gran organiza­ción con contactos en América y fuera del país, pero era difícil mantener una línea común. Había diferencias entre unas zonas y otras, como entre la ciudad y el campo. Algu­nas personas estaban a favor de matar y poner bombas sin ningún tipo de aviso, y otras en cambio no lo estaban. Diferentes ten­dencias e ideologías, algu­nos comunistas, otros socialistas. La verdad es que fue un auténtico mila­gro llegar a una paz común. Había días en los que nos despertábamos y las noticias contaban que había habido un nuevo atentado del IRA. Noso­tros desconocíamos quién había sido. Era una banda organizada, pero a la vez desorganizada como otras muchas. Nadie está com­pletamente seguro de lo que sucede. Fue un mila­gro que Adams y McGui­ness llegasen a reunificar al 95% de la organización y les obligasen a dejar las armas.

-¿Cómo era la relación con sus padres? Usted relata en su libro que ellos desconocían su per­tenencia a la banda.
-Yo crecí en Derry, la segunda ciudad de Irlan­da del Norte después de Belfast, según se decía entonces “en el lado inco­rrecto”. Por eso, aunque mi padre siempre condenó la violencia, mantenía con él conversaciones sobre nuestra situación. Yo nunca entendí por qué nos teníamos que sentir infe­riores a los británicos. Su hermano mayor, mi tío George, luchó por la inde­pendencia del país y su imagen era la de un gran patriota. Yo era muy joven y me encantaba leer libros sobre aventuras y sobre la historia de Irlanda y de ahí desarrollé ese deseo para implicarme en la lucha. Estaba motivado e impre­sionado por el pasado de mi tío. Pero la diferencia con él era que yo ya vivía en una nueva época, una nueva era de respeto a los Derechos Humanos. Mi sueño no era real, pero a mí me parecía que había un uniforme preparado para mí. Muchas personas inocentes eran asesinadas, gente cercana.
-¿Pero usted nunca le comunicó a sus padres esa ambición que tenía?
-No, nunca les confesé que pensaba unirme a la organización. Pero sí mantuve interesantes conversaciones sobre por qué nos sentíamos ciuda­danos de segunda en el lugar en el que habíamos nacido. Ellos negaban con la cabeza y me decían que todo era muy complicado, más de lo que pensaba, porque había gente ino­cente muriendo a nuestro alrededor.

-¿Cómo es ahora la con­vivencia entre protes­tantes y católicos?
-Ahora, gracias a la demo­cracia, todo es diferente. No profesamos la misma religión, pero hay igual­dad y respeto. Algo que no fue fácil, pero que ahora existe.

-¿Qué opina del escán­dalo de la mujer del pri­mer ministro Robinson que le ha llevado a dejar su puesto durante seis semanas y que, según los analistas, podría acabar en una ruptura del Gobierno?
-Para los irlandeses fue un verdadero escándalo que al principio todo el mundo se resistía a creer. Durante las primeras semanas toda la población estaba expectan­te de lo que contaban sobre el caso pero ahora, para ser honesto, creo que forma parte de otra vieja noticia ya olvidada.


"Ni ETA es el IRA ni Batasuna el Sinn Fein, son distintos"

-¿Por qué al etarra vasco De Juana Chaos se le trató como a un verdadero héroe en Belfast?
-No creo que “héroe” sea el calificativo exacto para des­cribir el recibimiento. De hecho, hay que tener en cuenta que en ese momen­to el Sinn Fein buscaba algún tipo de reconoci­miento y de éxito interna­cional para llegar hasta el conflicto vasco. Pensaron quizás que podrían influenciar a este hombre y crear similitudes, pero son casos muy diferentes. ETAno es el IRA, ni Bata­suna, en su tiempo, el Sinn Fein. Y ahora, este hombre permanece apartado en el olvido.

-¿Qué le diría al Gobier­no español?
-Esto es exactamente lo que le diría: no tengo nada que decirle, nada. Es importante para ETAsaber que el mundo cambió con el 11S; ya no hay cabida para la violencia, es una pérdida de tiempo que no lleva a ninguna parte. Una lección que debería apren­der el Ejecutivo español es que la única solución está en que la banda armada de ETAdeje de un lado las armas, si no, no deben hacer nada. No hay otra salida. Es un tema que tiene que ver con el respeto a las personas y a la demo­cracia. Nadie puede nego­ciar con gente que se encuentra preparada para matar inocentes.

-¿Cree que un acuerdo como el del Viernes Santo sucederá en España?
-Hasta que no se tengan las ideas claras, me temo que no. Hasta que no se escuche a la sociedad vasca y los líderes de ETA se topen de bruces con la rea­lidad y maduren, no creo que suceda.

-¿Cómo es su vida ahora?
-Vivo en Dublín, donde trabajo y estudio, pero la sombra de mi pasado me persigue, sobre todo cuan­do viajo y noto que me miran. No sé si podré olvi­dar mi pasado algún día y despejar esta carga. No obstante, cada día me levanto pensando que puedo seguir adelante.


Con 10 años empezó su lucha, con 15 entró en la banda y con 19 fue arrestado

“Le envié una carta bomba al primer ministro”

“Envié varias cartas bomba, una de ellas a la residencia del pri­mer ministro británico, lo que me convirtió en el hombre más buscado de Gran Bretaña”. Éste era Shane O’ Doherty. Un niño de familia católica de Derry que con tan sólo 10 años fue capaz de escribir en su diario lo siguiente: “Cuando sea mayor quiero lu­char y si es necesario morir por la libertad de Irlanda”.
Y así de claro lo tenía, que tan sólo cinco años después, durante los cuales no paró hasta encontrar a sus ‘ídolos’ terroristas, acudien­do a sus reuniones clandestinas. Luego entró a formar parte de la organización criminal coinvirtiéndose en el líder del Comando de Artefactos. A los 17 fue testigo di­recto del Domingo Sangriento y aseguró que su único objetivo en la vida era “vivir para la lucha ar­mada y para el IRA”. Hirió a varios civiles con sus bombas, a los que finalmente terminaría pidiendo perdón públicamente mediante cartas. Muchas de las víctimas le rechazaron, e incluso se enfada­ron aún más porque aseguraron que se trataba de una auténtica provocación, “sin ninguna vali­dez, y sin ningún sentido”.

“Cuando sea mayor quiero luchar o morir por nuestra libertad”

En el año 1975, con 19 años, fue apresado en su propia casa, desarmado, bajo la atenta mira­da de su madre, que no entendía por qué los agentes detenían a su querido hijo. Sus padres des­conocían que era un terrorista. El arresto se produjo durante un alto el fuego de la organización y Shane, después de recibir una sentencia de 30 cadenas perpe­tuas, cumplió una condena de 14 años entre rejas. Fueron esos años encerrado en la cárcel lo que verdaderamente cambió su vida. Allí conoció a varios sacer­dotes que le ayudaron en su ca­mino a la conversión y a la me­ditación. En su celda se pasaba los días pensando y leyendo la Biblia; él subraya que no sabe muy bien por qué. En su libro Shane apunta que fue durante su condena cuando afirmó que “como ya sabía hacer la guerra quería aprender a hacer la paz”. Así, el ex terrorista señala que cuando era joven se involucró tanto en el terrorismo que” ni siquiera hubiera podido decir lo que ocurría políticamente en Irlanda del Norte o en el mundo en general”.

Belén Palancar

25/11/09

Una breve historia de mí y de Irlanda

Así tituló Shane su conferencia del viernes en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y que, debido a la cantidad de gente que asisitió, tuvo que cambiar su ubicación varias veces para terminar ofreciéndose en el Salón de Actos del campus de Vicálvaro. Asistieron unas 300 personas, en su mayoría estudiantes, por supuesto, pero también gente externa a la Universidad.


Primero Shane hizo un breve resumen de la historia de Irlanda, para que todos entendiéramos el trasfondo histórico del Ejército Republicano Irlandés. Después nos habló de los principios del IRA y terminó contando cómo entró él, qué le hizo arrepentirse y su opinión sobre el conflicto vasco. Dejó claro que con los terroristas tiene que haber diálogo pero no negociación.


Sólo deciros que fue un éxito y que hubo bastantes preguntas, aunque por desgracia, no hubo tiempo para todas las que Shane hubiera querido contestar. Esperemos que haya nuevas oportunidades.

11/3/09

«Tendremos algún muerto por año, como en el País Vasco»

Publicado en el ABC, 11 de Marzo de 2009

No cree que los últimos atentados vuelvan a encender el conflicto. Pero Shane O'Doherty, ex miembro del IRA, considera que los disidentes mantienen la voluntad de perpetrar ataques terroristas que podrían tener entre sus futuros objetivos a líderes del Sinn Fein.
POR E..J. .BLASCO

BELFAST. Estuvo en el IRA y tiene antiguos compañeros entre los disidentes. Shane O'Doherty, autor del libro «EI voluntario. Verdadera historia de un antiguo miembro del IRA», no cree que el Ulster regrese al pasado.

- ¿Habrá una vuelta a la era du­ra del conflicto norirlandés?
- No. Se trata de incidentes absolutamente aislados. Ha habido una reacción política y mediática desmedida, exactamente lo que esos grupos desean, pues les da publicidad. La sociedad debería acostumbrarse a ataques esporádicos de este tipo, normales hoy de comprar explosivos y armas. Un centenar de personas no puede poner en cuesti6n la democracia. De alguna manera, tenemos que llegar a una situación como en el País Vasco, donde la gente no cambia su opinión sobre el marco político y la democracia porque haya algunas muertes cada año.


- ¿Por qué hay una vuelta de la violencia?
- Hace diez años hubo una declaración de paz, pero no de principios compartidos. Desde entonces no se ha hecho nada por explicar que la violencia y los asesinatos son malos, que la «guerra» fue al­go equivocado por ambas partes. Así que la gente joven sabe que hay una declaración de paz, pero cree que fue un acuerdo meramente político, no sobre principios basados en los derechos humanos.

-¿Hay riesgo de algún acto de venganza de los paramilitares protestantes?
-Absolutamente. Los grupos lealistas no han entregado sus armas en todo el proceso de paz. El Gobierno ha aceptado esa situación e incluso les da dinero para sus actividades en los barrios. Y los disidentes republicanos están esperando que se venguen matando católicos, porque así entrarían en la espiral de violencia que desean.

- ¿Por qué se está enrolando gente en los grupos republica­nos disidentes?
- En los últimos cuatro o cinco años se ha producido un aumento del reclutamiento, cuando después de un tiempo de inactividad antiguos miembros del IRA se cansan de no tener “trabajo” y quieren volver a darle sentido a su vida. También antiguos miembros del Sinn Fein comienzan a acusar a esta formación de mal vender los principios que llevaron a la lucha armada. Pe­ro junto a los más experimentados, que lideran las acciones violentas, hay un recluta­miento sobre todo de jóvenes, que se sienten atraídos por la aventura. La crisis económica acentúa todos esos procesos.

-¿Pierden autoridad Gerry Ada­ms y Martin McGuinness en el movimiento republicano?
Probablemente los dirigen­tes del Sinn Fein serán también objetivo de atentados por parte de los disidentes.




12/12/08

El único terrorista que pidió perdón a sus víctimas explica por qué


ALGUNAS NO ACEPTARON

Por Carmelo López-Arias, publicado en El Semanal Digital, el 25 de noviembre de 2008

Shane O´Doherty ha contado su historia desde que a los quince años entró en el IRA y se consagró a poner todo tipo de bombas. Sólo la reflexión en los años de cárcel le hizo cambiar.

Hace dos domingos La Razón publicó un extenso reportaje de Irene Villa, mutilada por ETA en 1991 y periodista en activo, sobre Shane O´Doherty, con motivo de la publicación en España del impactante testimonio de este ex miembro del IRA (Irish Republican Army, Ejército Republicano Irlandés): No más bombas (LibrosLibres).
En cuya vida hay una peculiaridad: se trata del único terrorista, de cualquiera de los grandes grupos conocidos, que ha perdido perdón una por una a sus víctimas ofreciéndoles reparación y llevándola a la práctica. Algo muy distinto de ese "arrepentimiento" de algunos etarras que es en realidad mera acomodación a las circunstancias o cambio de táctica: consideran que "ya no" es necesaria la "lucha armada", sin reprobar lo que en otro tiempo hicieron, considerándolo, entonces y ahora, justificado.

Del ideal de "la lucha" a la realidad de los atentados

La narración arranca de su propio compromiso infantil con la libertad de Irlanda en forma de una consagración personal absoluta, alimentada por los héroes y los mitos de una vieja lucha contra el dominio británico.

A principios de los 70, cuando las manifestaciones republicanas eran reprimidas a tiros por la policía del Ulster, el IRA retomó sus actividad bajo la forma de una intensa campaña terrorista. O´Doherty, con quince años, se buscó la vida para unirse al grupo y lo logró. Pronto se especializó en el manejo de explosivos y fue adquiriendo responsabilidad en la organización merced a su audacia, tanto en atentados de gran magnitud como en otros a pequeña escala. Describe con todo género de detalles cómo era la vida en Derry (la Londonderry de los británicos), uno de los epicentros de la lucha callejera, y cómo el inicial alivio que sintieron cuando el Ejército de Su Majestad sustituyó a las fuerzas norirlandesas se convirtió en desazón al ver que no había grandes diferencias.

En un momento a O´Doherty le enviaron a Londres para una campaña de cartas-bomba en la que el IRA buscaba sobre todo -y obtuvo- ecos mediáticos. Él solo tuvo en vilo a la policía y a los londinenses durante meses, y estuvo a punto de caer en varias ocasiones.

Paradójicamente fue detenido durante la tregua de 1975, cuando había podido regresar a casa y llevaba una vida normal, tras varios años dedicado a tiempo pleno al terrorismo.

Pasó en la cárcel quince años, condenado a varias cadenas perpetuas. Su tozudez en no cumplir las normas penitenciarias fue sin embargo providencial, porque le castigaron en un módulo de aislamiento que le sirvió para pensar sobre el daño que había causado. Para uno de los juicios tuvo acceso a un dossier detallado de todas las acusaciones, incluyendo las lesiones causadas a las víctimas (no llegó a matar a nadie en sus decenas de atentados, aunque cuenta tres ocasiones en que sencillas casualidades evitaron auténticas masacres). Y ahí se le cayó la venda de los ojos: "El uso de la violencia me había transformado. Lejos de ser un idealista con profundos principios morales, yo era un delincuente con un expediente aparentemente interminable de violaciones de los derechos humanos... No había ninguna justificación para todas aquellas heridas y veía la indiferencia egoísta y desalmada que había sentido por las víctimas en la época en la que celebraba mis éxitos terroristas".

En 1978 escribió una carta, expresando estos sentimientos, a un diario republicano que no quiso publicarla. Lo hizo la competencia, y el asunto saltó a los diarios de Londres como en tiempos lo habían hecho sus crímenes: "No me importaban los derechos humanos de aquellos a los que lesionaba", confesó en la misiva, "pero era extremadamente delicado en lo que a los míos se refería. Al dañar a seres humanos no corregía ninguna injusticia, sino que creaba una nueva". Y añade O´Doherty, ya en el texto de No más bombas: "No era el idealista brillante, buscador de justicia, que había creído. Era un serio violador de los derechos humanos que había caído ante la mística y el aura de la táctica de la violencia".

Fue entonces cuando decidió que no bastaba con conclusiones teóricas, y solicitó autorización al juez para escribirle a sus víctimas. Un mediador les pedía antes permiso, y luego él demandaba su perdón por el daño que les había causado, ofreciéndoles reparación. Algunas no lo aceptaron, otras sí.

Un libro para el debate

El testimonio de O´Doherty tiene muchas lecturas. Una es, desde luego, que no hay comparación posible entre el "caso irlandés" y el "caso vasco". Ya no por historia, que desde luego que no: los nacionalistas vascos, pacíficos o violentos, hacen objetivamente el papel de los unionistas norirlandeses, esto es, romper la unidad de las naciones históricas (España e Irlanda) en aras de las inexistentes (Euskadi o un Reino Unido con pocos títulos de legitimidad para su soberanía sobre Irlanda del Norte). Pero es que tampoco por la relación política entre ciudadanos y Estados; ni por la existencia de dos comunidades separadas -católica y protestante- frente a la homogeneidad interna, y con el resto de España, de la sociedad vasca; ni por la existencia de una contrapartida al IRA, no menos terrorista que éste, que son los grupos armados unionistas.

Y hablando de "protestantes" y "católicos", una segunda lectura es que dichas etiquetas son poco más que eso, etiquetas: expresan la raíz histórica del problema y poco más. El mismo O´Doherty, cuando entró en la cárcel, le pidió al capellán pruebas de la existencia de "su Dios católico". Luego dedicó su mucho tiempo libre, entre otras cosas, a leer los Evangelios. Eso influyó en su cambio, aunque no se desprende de la lectura que haya una conversión religiosa como causa directa de la transformación que experimentó. En cualquier caso, cuando sus compañeros del IRA escuchaban sus razones religiosas, le menospreciaban y retiraban el saludo.

En fin, una última lectura podría indicarnos hasta qué extrema miseria moral conduce el terrorismo a quienes lo practican, que casos como el de O´Doherty sean tan excepcionales. No estamos ante un terrorista que "abandona las armas". De esos ha habido muchos a quienes el enfriamiento de los ímpetus juveniles o una larga estancia en prisión han convencido de que ya no era adecuado ese camino... pero sin repudiarlo moralmente. O´Doherty da el verdadero paso: pedir perdón una a una a sus víctimas, decirles que lo que hizo no debió hacerlo fueran cuales fueran sus pretextos.

Y se hace una pregunta crucial: "¿Es sensato suponer que quienes han matado a inocentes para conseguir el poder político dejarán de hacerlo sin más cuando lo obtengan?". Buena pregunta que invita a no ceder jamás a ninguna exigencia de los terroristas.

9/12/08

Cinco años en el IRA, 30 años pidiendo perdón

Artículo publicado en El Mundo el 8 de diciembre de 2008

EDUARDO SUÁREZ
Enviado Especial

DERRY (IRLANDA DEL NORTE).- Es sábado, empieza a amanecer y en el cementerio de Derry hay más muertos que vivos. Sombrío y desasosegado, Shane O'Doherty se asoma como a un abismo a las tumbas de sus colegas. Adolescentes todavía. Para siempre jóvenes. Muertos "en acto de servicio" según rezan sus lápidas. Se podría decir que Shane es un capitán pasando revista a sus tropas si no fuera porque ellos están muertos y él demasiado vivo con sus remordimientos.

Quienes se apiñan en esta hilera maldita son terroristas del IRA. La mayoría murieron manipulando sus bombas. Otros en tiroteos con el Ejército británico o con la policía. Ninguno llegó a cumplir los 18 años. Shane llora sin llorar cuando relee sus lápidas, consciente de que podría ser uno de ellos. Preguntándose por qué no lo es y por qué está todavía en el mundo de los vivos.

"Fue la cárcel la que me salvó la vida", masculla entre dientes, "si no me hubieran detenido, estaría muerto. Tuve tantos amigos que saltaron por los aires... El día que me arrestaron, pensé: 'Estoy fuera del juego y he sobrevivido. La cárcel es el lugar donde puedo encontrarme a mí mismo'. Y me encontré". Porque Shane O'Doherty no es un terrorista al uso sino un hombre arrepentido. El primero en el IRA que pidió perdón por sus crímenes en los años 80. No fue un cambio súbito sino un lento proceso de conversión que él mismo relata en No más bombas, un libro de memorias que ahora se publica en España. Detenido durante el alto el fuego de 1975 y condenado a 30 cadenas perpetuas, Shane tenía 20 años cuando entró en prisión pero era ya un veterano de la violencia. Su primera bomba la puso con 15 años, en un piso franco de la policía en cuyo umbral se aprecian aún hoy los rasguños de la explosión.

Fue el inicio de una carrera siniestra que duró apenas un lustro en el que Shane disparó obuses contra soldados, fabricó bombas con condones y aprendió a vivir en la clandestinidad, con un pie en cada lado de la frontera y parapetado detrás de una identidad falsa.Era el tiempo de la lucha por los derechos civiles en el Ulster y el idealismo de Shane podría haberse encauzado en aquel movimiento pacífico que luchaba por que los católicos tuvieran acceso a la vivienda de protección oficial y no fueran ciudadanos de segunda clase. Pero entonces llegó el Domingo Sangriento. El día en el que los soldados británicos dispararon indiscriminadamente contra los manifestantes.

A su amigo Eamonn le detuvieron y lo apalearon los policías. A Shane no lo cogieron pero lo alcanzó el rencor. "Si me podían matar a tiros por participar en una marcha pacífica", recuerda, "más me valía morir luchando. Los soldados británicos eran terroristas que asesinaban a mi gente y sentí la violencia como un imperativo moral".

Así fue como Shane inició una carrera terrorista cuyo cenit fue Londres, desde donde dirigió en solitario una campaña de bombas que puso en jaque al Estado británico. Llegó con 500 libras en efectivo, dos docenas de detonadores y dos libras de gelignita y gelatina negra.

Hacía una vida de monje. Salía tan sólo al cine una vez por semana y cada día a cenar a un restaurante indio. Durante meses, Shane envió decenas de cartas bomba. La mayoría a políticos y militares. Otras a instituciones como la Bolsa o el Banco de Inglaterra. Hubo una que burló incluso los controles de Downing Street y estuvo durante 24 horas olvidada en una papelera junto al despacho del primer ministro.

De vuelta a Derry, fue detenido y sólo entonces fue comprendiendo lo que había hecho. Primero cuando leyó un relato detallado de los efectos de sus bombas. La secretaria a la que le sacó un ojo la onda expansiva. El guarda al que una carta le voló un ojo y una mano. Detalles que le empujaron a hacer algo inédito: pedir perdón en el juicio por "las víctimas inocentes" de sus cartas.

Lo que no quería decir que se arrepintiera: Shane no renegaba de sus bombas siempre que las víctimas fueran oficiales, políticos o policías. Un pensamiento que no sobrevivió a su lectura de la Biblia ni a sus conversaciones con el capellán de la cárcel o con el obispo de Derry.
Un día Shane sintió la necesidad de enviar cartas pidiendo perdón a sus víctimas. No porque se creyera merecedor de él. Más bien por hacerles saber que se sentía culpable y que se arrepentía de lo que había hecho. "La mitad respondieron dando gracias a Dios por mi conversión", recuerda, "de la otra mitad nunca tuve noticias hasta que un día me enteré de que uno había vendido mi carta a un tabloide británico. 'Enfado ante el terrorista del IRA que pide perdón', decía el título. Recuerdo las caras de ira de mis colegas del IRA aquel día en el desayuno. Aquel día comprendí lo difícil de mi situación. La paradoja de que te odian si pides perdón y te odian si no lo pides".

Desde su conversión, a Shane le quedaba aún una década de suplicio en las prisiones británicas. Un tiempo salpicado de torturas al que sobrevivió leyendo el Evangelio, ayudando a otros presos y rezando. Incapaz de deshacerse de sus remordimientos pero sabedor de que había reconquistado su alma y de que su cuerpo no descansaba para siempre en el cementerio de Derry.

El ex terrorista del IRA Shane O’Doherty, en el cementerio de la localidad de Derry, en Irlanda del Norte. / Foto: MIGUEL ÁNGEL FONTA


Hay dos lápidas sobre las que la mirada de Shane se detiene durante más tiempo. Debajo yacen Eamonn Lafferty y Ethel Lynch.A Eamonn lo mató un soldado una noche en el gueto católico de Creggan. Al otro lado de la tapia del cementerio. A Shane le tocaba salir con él a patrullar pero tenía sueño y se quedó echando una cabezada.

Ethel voló por los aires en una de las casas que el IRA usaba como talleres de explosivos. La había adiestrado Shane y siempre se culpó por ello. Sobre todo cuando recién detenido la policía le mostró unas fotos en blanco y negro de su cadáver desnudo, ensangrentado y lleno de puntos. "¡Mira su sangre! ¡Mira sus heridas!", le gritó su interrogador, "¡tú la mataste! ¡Eres un cobarde!".
A Shane el recuerdo de Ethel y Eamonn nunca le ha abandonado del todo. Ni dentro ni fuera de la cárcel. Cuando salió, sus amigos de Derry dejaron de saludarle. Para ellos era un traidor. Pidiendo perdón, les había vendido. "Yo sabía entonces que Gerry Adams y Martin McGuinness estaban negociando por debajo de la mesa", recuerda, "pero no podía decirlo. Luego los líderes de repente hablaron de paz y todos fueron como borregos detrás de ellos. Entonces mis amigos de Derry siguieron sin mirarme a la cara. Esta vez porque yo había predicho como terminaría todo".

Desde que salió de la cárcel, Shane ha llevado una vida de trotamundos. Primero se licenció en Filología Inglesa. Luego trabajó en Suecia como informático y en EEUU como periodista. Estudió para cura pero no llegó a ordenarse. Ahora ayuda a Cáritas en Dublín con las personas sin hogar.

P. ¿Tiene sentido aplicar en España un proceso de paz similar como el irlandés?
R. No. Ése es el modelo para Irlanda del Norte. Y ni siquiera aquí hemos terminado. Con una banda como ETA el Estado debe saber ser generoso pero en el momento adecuado. Esperar a que estén maduros. Si no, no tiene sentido.

P. ¿Cree que el Gobierno español debe hablar con ETA?
R. No si no están preparados. Primero tienen que ser conscientes del sufrimiento que provocan. En sus víctimas y en sus propias familias.

P. Usted se ha arrepentido de sus años en el IRA. ¿Qué le diría a los terroristas de ETA?
R. Les preguntaría si merece la pena segar una vida humana. Cuando uno está dentro, tiende a pensar que su guerra es muy importante. Luego, 30 años después, nadie se acuerda de ella. Hoy aquí en Derry los jóvenes pasan. Sólo les interesan la música y los partidos de la Premier.

P. Y, de haberlo sabido, ¿habría empezado a poner bombas?
R. Creo que no. Pienso en ello todos los días mientras me afeito. En los amigos que están muertos. En las personas que han sufrido. Pienso que todavía tengo este regalo de la vida y me preguntó cómo puedo hacer del mundo un lugar mejor. Y siempre llego a una conclusión: lo mejor que puedo hacer es decirles a otros que no vayan por este camino. Se lo digo ahora a ETA.

Por qué esperar 30 años para entablar una negociación que podríais haber iniciado en el año uno. Para qué llenar las cárceles y enterrar personas durante 30 años. ETA ofende a Dios, a la naturaleza y a los derechos humanos.

Eduardo Suárez, Enviado Especial

23/11/08

Shane O'Doherty


Shane Paul O’Doherty nació en enero de 1955 en Derry, Irlanda del Norte en el seno de una familia católica de clase media. En 1970, con sólo 15 años, se unió al IRA Provisional. El 30 de enero de 1972 fue testigo directo del Domingo Sangriento. Se convirtió en jefe de explosivos del IRA y durante el verano de 1973 llevó a cabo él solo una campaña de cartas bomba en Londres. Aunque no se produjo ninguna muerte, el hecho de que una de ellas entrase en la residencia del Primer Ministro británico le convirtió en el hombre más buscado de Gran Bretaña durante un tiempo. El IRA le felicitó por ello. Fue arrestado durante un alto el fuego en el verano de 1975 y, después de recibir 30 cadenas perpetuas, cumplió una condena de 14 años.

Shane fue uno de los primeros terroristas en manifestar su repulsa por la lucha armada. El 17 de febrero de 1978, el Diario de Derry publicó una carta suya en la que manifestaba su disconformidad con el uso de la violencia como medio para lograr un cambio político. Desde su celda escribió además cartas a sus víctimas pidiendo perdón. Fue liberado el 4 de septiembre de 1989 y una semana después comenzó sus estudios universitarios. A partir de entonces manifestó continuamente en medios de comunicación su condena a la violencia y su petición de que cesase la lucha armada.


Se licenció en Filología Inglesa por el Trinity College en 1993 y obtuvo una Diplomatura Superior en Ingeniería Informática por la Universidad de Dublín en 1999. Trabajó como profesor de informática para inmigrantes con su propia empresa, como editor de una revista para indigentes y como periodista. Después de trabajar como escritor técnico casi tres años en una multinacional sueca en Estocolmo, volvió a Irlanda donde durante 3 años estuvo planteándose su vocación al sacerdocio y trabajando con indigentes. Pasó dos años en el seminario de Dublín estudiando teología y obtuvo una Diplomatura en Filosofía por la Universidad Nacional de Irlanda en Maynooth. En la actualidad reside en Dublín, donde trabaja en una organización para indigentes y acaba de comenzar un Master en Ingeniería Informática.